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Comercio, WTO y el medioambiente
Southwest Economy
Enero/Febrero 2000
Los participantes de las reuniones
de 1999 de la Organización Mundial del Comercio
(World Trade Organization) en Seattle, Washington, se
enfrentaron con grandes e intensas manifestaciones que
criticaban lo que muchos manifestantes vieron como la
indiferencia de la Organización a temas ambientales.
Hace tiempo que los ambientalistas
están preocupados por lo que ven como la relación
entre la liberalización del comercio y el peligro
ambiental. Algunos grupos sostienen que los contaminadores
a los que nunca se les permitiría operar en países
desarrollados, llevarían sus operaciones a países
en desarrollo más anuentes—hasta tan pronto
como los países desarrollados bajen sus barreras
económicas lo suficiente como para hacer que
la re-exportación a dichos países sea
rentable. De acuerdo a esta perspectiva, algunos países
en desarrollo se contentan con obtener empleos y tolerarán
la contaminación. Los ambientalistas algunas
veces se refieren a dichas re-ubicaciones y exportaciones
como “el dumping ambiental”.
Esta explicación es preocupante,
y sea lo suficientemente generalizada para ser problemática
o no, la evidencia sugiere que los países pobres
algunas veces contaminan más a medida que crecen.
Si es así como funciona el desarrollo económico
cuando la liberalización comercial toma lugar,
es fácil ver por qué tantas personas se
manifestaron en las calles de Seattle.
La pregunta es, ¿es realmente
así cómo el crecimiento económico,
la liberalización comercial y la contaminación
interactúan? Las investigaciones de los profesores
de la Universidad de Princeton Gene Grossman y Alan
Krueger ofrecen una perspectiva más sutil y más
complicada, que origina preguntas sobre las virtudes
de desalentar o establecer condiciones en la liberalización
comercial.
Como contexto, es útil
recordar que el comercio y la liberalización
comercial estimulan el crecimiento de los países.
[1] Lo que complica la historia es la relación
entre el crecimiento y la contaminación. La descripción
detallada de Grossman y Krueger de la conexión
entre el ingreso per cápita y la contaminación
aérea en 42 países y, entre el ingreso
per cápita y la contaminación del agua
en 58 países, sugiere una relación complicada
entre el crecimiento del ingreso per cápita y
la contaminación. [2]
Los autores investigan si la contaminación
aumenta típicamente con el ingreso per cápita,
si algunas veces aumenta y otras declina, o si siempre
declina. Detrás de este análisis está
la pregunta de si, arriba de un cierto ingreso per cápita,
los países comienzan a tratar el aire limpio
y el agua limpia como cualquier cosa de la que quieren
más- a tal grado que a medida que los países
se vuelven más ricos, pagarán leyes que
limpiarán el medioambiente y también su
cumplimiento. La otra pregunta es, por supuesto, ¿en
qué niveles de ingreso per cápita los
países comenzarán con sus limpiezas?
Grossman y Krueger realizan análisis
econométricos de las conexiones entre el ingreso
per cápita de una nación (entre otras
variables) y la incidencia del dióxido de sulfuro
y del humo en el aire y del plomo, arsénico,
nitratos, bacteria coliforme fecal y una multitud de
otros contaminantes en el agua.
Los resultados son bastante diferentes
de lo que puede hacer que algunos manifestantes salgan
a las calles. Los autores encuentran no solamente que
la polución no incrementa invariablemente con
el ingreso per cápita, sino que hay típicamente
una curva de joroba. Esto es, la contaminación
aumenta hasta un punto y luego decae a medida que los
países con ingresos sobre ese punto toman medidas
para reducir un contaminante en particular.
En los casos del dióxido
de sulfuro y del humo, por ejemplo, una vez que el ingreso
de un país alcanza niveles comparables a los
de México y Malasia, respectivamente, las cantidades
de esos contaminantes comienzan a decaer. Otros contaminantes
típicamente alcanzan sus picos en ingresos per
cápita menores. Los países comienzan a
actuar con respecto al plomo en el agua cuando alcanzan
un ingreso per cápita comparable al de Perú.
Los países comienzan a mejorar sus niveles de
oxígeno en el agua en el ingreso per cápita
de Botswana. Con ciertos contaminantes, tales como el
cadmio y los nitratos, los niveles del ingreso per cápita
son relativamente altos antes de que un país
haga algo. Pero en todos los casos, los países
comienzan a combatir la contaminación cuando
sus ingresos per cápita crecen a niveles bastante
más bajos que los de los Estados Unidos.
Si el comercio significa crecimiento,
tal vez el libre comercio sea lo que los ambientalistas
realmente quieren.
—William C. Gruben
Sobre el
autor
Gruben es vicepresidente
y director del Centro de Economía
Latinoamericana del Banco de la Reserva
Federal de Dallas.
Notas
- Una excelente fuente de información
es ofrecida por Jeffrey Frankel y David
Romer en “Does Trade Cause Growth?”
American Economic Review 89,
Junio 1999, pp. 379–99.
- Gene Grossman y Alan Krueger, “Economic
Growth and the Environment,” Quarterly
Journal of Economics 110, Mayo 1995,
pp. 353–77.
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