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La asimilación de inmigrantes: ¿Son los Estados Unidos todavía un crisol de razas?
Southwest Economy
Mayo/Junio 2004

El debate sobre la inmigración está subiendo de temperatura en el 2004 luego de un vacío de tres años. La propuesta para trabajadores temporales del Presidente Bush, anunciada en enero, estimuló tanto a las facciones a favor de la inmigración como aquellas en contra para presentar su caso en los medios. El foco está cada vez más en los efectos a largo plazo de la inmigración masiva. Se espera este interés con el país emergiendo de una década de niveles de inmigración récord. Un discurso similar sobrevino después de las primeras olas de inmigración, como las de 1850 y la década desde el 1900 hasta el 1910. Las preguntas nos llevan al corazón del debate sobre la inmigración: ¿son los Estados Unidos todavía un crisol de razas? ¿Asimilarán y lograrán los inmigrantes el Sueño Americano?

En un artículo anterior, me concentré en el importante rol que los inmigrantes tuvieron en la economía de EE. UU. [1]. La inmigración es fundamental para el actual desarrollo económico, y los inmigrantes contribuyeron en más del 40 por ciento del crecimiento de la fuerza laboral desde mitad hasta finales de los noventas. Sin embargo, la inmigración es también central al crecimiento futuro, no solamente porque la inmigración continuará, sino también porque los niños de los inmigrantes de hoy son los trabajadores e inversores del mañana.

Se han originado preocupaciones sobre los hijos de los inmigrantes por diversas razones: un factor es el incremento de la inmigración poco calificada y la falta de una completa asimilación económica entre la primera generación poco calificada de inmigrantes. Los investigadores han reconocido por largo tiempo los lazos intergeneracionales en variables tales como la educación y el ingreso, de manera que la atención recae naturalmente sobre la segunda generación. Si los padres no se pueden asimilar económicamente, ¿podrán sus hijos?

La asimilación de inmigrantes: ¿Por qué preocuparse ahora?
Una confluencia de factores ha generado preocupación sobre la asimilación de los inmigrantes poco calificados y sus hijos. Primero, la inmigración ha alcanzado niveles récord. Los Estados Unidos han sobrepasado el récord previo de afluencia de inmigrantes a comienzos del siglo veinte y, los nacidos en el extranjero son ahora más de 33 millones. Los inmigrantes son una porción creciente de la población, actualmente un 11.5 por ciento, aunque continua estando por debajo del récord establecido en 1890 (14.8 por ciento). Más importante para la difusión de este artículo, el 20 por ciento de los escolares hoy día son hijos de inmigrantes. En California, más del 50 por ciento de escolares entran en esta categoría y, en Texas cerca del 25 por ciento. [2]

La historia de los Estados Unidos es una historia de inmigración y todos aquellos inmigrantes originales hoy son estadounidenses. Los inmigrantes y sus descendientes se han estado asimilando por cientos de años. ¿Por qué deberíamos preocuparnos ahora, entonces? La inmigración masiva de trabajadores poco calificados que no hablan inglés no es un fenómeno nuevo. En los siglos diecinueve y veinte, las costas estaban llenas de inmigrantes alemanes, chinos, irlandeses, italianos y polacos. Los nativos se quejaban en voz alta de que la mayoría de los recién llegados no hablaban inglés y muchos no podían leer ni escribir.

Más apremiantes, tal vez, que los argumentos sobre el volumen y la naturaleza poco calificada de la inmigración actual es la naturaleza de la economía estadounidense en la que se espera que los inmigrantes se asimilen. El rápido ritmo de cambio tecnológico y el creciente comercio internacional han acelerado la transición de una economía basada en la fabricación a una basada en los servicios y, la prima salarial por educación se ha ido incrementando regularmente como resultado. Los inmigrantes y sus hijos, por lo tanto, se ven enfrentados a una economía basada en el conocimiento, donde el capital humano –más que nunca- regula las remuneraciones y las oportunidades de trabajo. Las remuneraciones reales para el trabajo obrero—un trabajo de entrada tradicional para los inmigrantes poco y medianamente calificados—ha ido declinando desde 1970.

Inmigrantes poco calificados: ¿Cómo hacen?
La distribución educativa de nativos e inmigrantes confirma que muchos inmigrantes están relativamente poco calificados (Cuadro 1). Los nativos se concentran en el medio de la distribución educativa, con un promedio de cerca de 13 años de escolaridad. Los inmigrantes se encuentran levemente más inclinados que los nativos en tener un título avanzado, pero mucho mas propensos a carecer de título secundario. Un tercio de los inmigrantes están clasificados como desertores de la escuela secundaria, en comparación con un 13 por ciento de los nativos.

Cuadro 1: Muchos inmigrantes están poco calificados

Es interesante que a pesar de carecer del diploma secundario, los inmigrantes poco calificados aún superan la deserción nativa en el mercado de la mano de obra. Los inmigrantes masculinos poco calificados son más propensos a trabajar, como se ve en sus índices de mayor participación en mano de obra, y menos a estar desempleados.

Debido a este compromiso de trabajar—y a pesar de otras desventajas como la falta de fluidez en el inglés y de familiaridad con las leyes e instituciones estadounidenses—los inmigrantes asimilan y sobrepasan los niveles de ganancias de los nativos comparables luego de 16 a 20 años en los Estados Unidos. [3]. Esto se ilustra en el Cuadro 2 con una línea sólida.

Cuadro 2:  Asimilación de inmigrantes a nativos comparables

La trayectoria de ganancias representa la brecha remunerativa entre los nativos e inmigrantes por año de ingreso, mientras que controla para las diferencias en niveles de la educación. Eso significa que un inmigrante desertor de la escuela secundaria alcanza las ganancias promedio de un desertor nativo de la misma escuela. No significa que los inmigrantes poco calificados eventualmente alcancen los niveles promedio de ingreso estadounidense, lo cual es lo que se conoce típicamente como asimilación económica.

La línea punteada muestra la trayectoria de ganancias sin controles estadísticos para las diferencias en el nivel de educación. Como se muestra, los inmigrantes poco calificados no alcanzarán los niveles de ganancia promedio de los nativos de EE UU en el transcurso de su vida. Sus remuneraciones crecen más velozmente, pero el crecimiento va disminuyendo antes de que logren una paridad de ingreso con el nativo promedio.

¿Qué sucede con la asimilación intergeneracional?
La evidencia del Cuadro 2 sugiere que una asimilación económica completa requerirá asimilación educativa. Aunque muchos inmigrantes de primer generación regresan a la escuela una vez que están establecidos en los Estados Unidos, es frecuente aprender inglés y no perseguir títulos como el GED (Diploma de Equivalencia General). Como resultado, la asimilación educacional de los inmigrantes poco calificados es más probable que suceda no dentro de las generaciones, sino a través de las mismas.

Cuadro 3: Los índices de deserción inmigrante decaen a través de las generacionesVolviendo a la información del Cuadro 3, la asimilación educacional aparece viva y bien. Las tasas de deserción de la escuela secundaria para los inmigrantes mejora a través de las generaciones, bajando de 27 por ciento en la primer generación a 8,6 por ciento en la tercera[4]. La primer generación se compone de personas nacidas en el extranjero (la generación inmigrante), mientras que la segunda se compone de hijos de inmigrantes nacidos en EE UU. La tercer (y más grande) generación—o generación nativa—está compuesta por individuos todos nacidos en EE UU, de padres nacidos en EEUU. [5]

Existen, sin embargo, grandes diferencias entre los grupos de inmigrantes. Los grupos no hispánicos realizan la mejor parte. La primer generación tiene un índice de deserción de 7,4 por ciento, y luego los índices de deserción decaen en la segunda generación y permanecen abajo del 10 por ciento en la tercer generación.

Los inmigrantes hispanos tienen una peor participación, pero luego son los que más mejoran. En la primer generación, cerca del 44 por ciento carece de diploma de escuela secundaria. Esta tasa mejora al 15 y 16 por ciento, respectivamente, en la segunda y tercera generación.

La discrepancia en las tasas de deserción en la tercer generación garantiza cierta preocupación y posible acción de parte de los hacedores de políticas públicas. Para cuando la población inmigrante alcanza la tercer generación, no debería ser diferente de la población nativa en logro educativo, no obstante, la tasa de deserción entre los hispanos es casi el doble de alta de la no hispana.

Cuadro 4: La brecha salarial de los inmigrantes mejicanos mejora pero persisteLas remuneraciones hispanas muestran un patrón similar. Los inmigrantes mejicanos constituyen el grupo más grande dentro de los inmigrantes hispanos y el menos educado. Tal como se ve en el Cuadro 4, los inmigrantes mejicanos masculinos de primer generación ganan cerca del 60 por ciento menos que los nativos blancos (no hispanos) y esto mejora a un déficit del 29 por ciento con la tercer generación.

La brecha educativa explica gran parte del déficit remunerativo de los mejicanos-estadounidenses en la tercer generación. Las investigaciones demuestran que dos tercios de la discrepancia remunerativa se explica mediante los niveles inferiores de educación entre los mejicanos. Una vez que la educación se controla estadísticamente, la brecha remunerativa entre nativos blancos y la tercer generación de mejicanos-estadounidenses se reduce a un 11 por ciento (véase Cuadro 4).

¿Que explica la brecha educativa?
La brecha educativa explica la brecha remunerativa, pero ¿qué explica a la brecha educativa?. Los determinantes para los resultados educativos entre los inmigrantes hispanos y sus hijos pueden sonar familiares. Menores ingresos familiares, comando limitado del inglés, educación paternal más baja y familias más numerosas influyen negativamente en el compromiso educativo de los niños inmigrantes. [7]. ¿Cómo deberían trasladarse estas estadísticas a las políticas públicas?. Entre otras cosas, los niños inmigrantes poseen recursos limitados, se enfrentan a más obligaciones familiares, contienden con padres menos informados y se cambian de escuela más a menudo.

Las encuestas también sugieren que los hispanos tienen menos aspiraciones educativas que algunos otros grupos étnicos. Esto podría reflejarse en una juventud desalentada para la cual la oportunidad económica puede verse fuera de alcance. Además, la etnia sí importa. Aun cuando los investigadores dan cuenta de todos los factores mensurables que determinan los niveles de educación, el hecho de que un individuo sea hispano, negro o asiático es estadísticamente significativo dentro de un marco de regresión que explica los determinantes de sus resultados educativos. Por qué la etnia (además de las variables económicas y sociales) afecta, no se comprende bien.

Implicancias políticas de la brecha educativa
Las políticas alternativas que probablemente ayuden a tratar la brecha educativa de los inmigrantes tienen una amplia gama. La implementación de un programa de legalización para los inmigrantes ilegales, por ejemplo, afectaría el rol que los padres juegan en los resultados educativos de sus hijos. El status legal podría abrir muchas puertas, de dos maneras: bajando los costos de la educación e incrementando canales de financiamiento para la educación secundaria a través del acceso a préstamos estudiantiles. Esto ayudaría a prevenir que la brecha educativa se transmita de padres a hijos.

Algunos estados, incluyendo Texas, California y Nueva York, han dado un paso en esta dirección permitiendo que los hijos indocumentados que se gradúan de las escuelas secundarias estatales asistan a la educación superior pública con cuotas del estado. Sin este tipo de legislación, los inmigrantes indocumentados pagan una cuota de no residentes mucho más alto, dejando a la educación superior fuera de su alcance. Una educación superior, sin embargo, no es de gran ayuda si el graduado no tiene permiso para trabajar. El Dream Act, una legislación complementaria pendiente en el Congreso, también provee un mecanismo para que ciertos estudiantes inmigrantes no documentados soliciten la residencia permanente. [8]

El resultado educativo puede ser atacado en un estadio más temprano mediante el incremento del gasto en educación y apuntando a los chicos en riesgo en las escuelas primarias y secundarias. Por ejemplo, a pesar del gran número de escolares inmigrantes, California y Texas gastan menos del promedio nacional en la educación K–12 (desde jardín de infantes al 12do. Grado). Con los presupuestos estatales y locales bajo considerable tensión, puede que no lleguen más fondos. Aun más, la experiencia sugiere que dónde y cómo los fondos son distribuidos puede ser más significativo que la cantidad asignada.

Otras reformas pueden ser más productivas. Por ejemplo, una paga incentivo para los mejores docentes recompensaría el esfuerzo y reduciría la promoción social, la cual alimenta aspiraciones educativas bajas dentro de los niños inmigrantes. La finalización de programas bilingües pasados de moda en favor de programas sólo en inglés o de lenguaje dual también podría ayudar. California implementó la instrucción sólo en inglés luego de 1998. Los distritos escolares en Texas han adoptado los innovadores programas de lenguaje dual.

Los distritos educativos podrían hacer mucho más para contener a los alumnos inmigrantes con necesidades especiales, traduciendo información para padres, educándolos y manteniéndo a los alumnos en la misma escuela cuando se mudan dentro del mismo distrito.

Los inmigrantes se asimilan: ¿Pero a qué?
Los hijos de inmigrantes, incluyendo a los mejicanos-estadounidenses superan a la primer generación. Su progreso es alentador e indicativo de un crisol de razas en funcionamiento. Pero las discrepancias étnicas emergen en la tercer generación, donde los inmigrantes hispanos se integran a un resultado educativo étnico por debajo del promedio nacional.

Los inmigrantes mejicanos son un buen ejemplo de esto. Ellos constituyen el grupo inmigrante más grande y menos educado. Si bien logran los mayores avances luego de llegar a los Estados Unidos, también se retrasan el nivel nacional en educación y remuneración por varias generaciones porque no se asimilan al nivel educativo nacional sino al hispano. En suma, la preocupación sobre la asimilación inmigrante se reduce a la preocupación sobre las diferencias étnicas en los resultados educativos en los Estados Unidos. Cuando se trata del crisol de razas económico, necesitamos asegurarnos de que sólo haya un crisol.

—Pia Orrenius

Sobre el autor

Orrenius es economista senior en el Departamento de Investigación del Federal Reserve Bank of Dallas.

Notas

La autora agradece a Anna Berman y Priscilla Caputo por su valiosa asistencia en la investigación.

  1. “U.S. Immigration and Economic Growth: Putting Policy on Hold” por Pia M. Orrenius, Federal Reserve Bank of Dallas, Southwest Economy, Noviembre / Diciembre 2003.

  2. “Commentary 5” en “Five Commentaries: “Looking to the Future,” por Layla P. Suleiman Gonzalez, Children, Families, and Foster Care, vol. 14, invierno 2004, pp. 184–89.

  3. La brecha prevista en las ganancias entre los inmigrantes y los nativos desde el año de llegada (Cuadro 2) se basa en “Immigration Policy and the Skills of Immigrants to Australia, Canada and the United States”, por Heather Antecol, Deborah Cobb-Clarke y Stephen Trejo, Journal of Human Resources, vol. 38, invierno 2003, pp. 192–218.

  4. “Dropout Rates in the United States: 2000,” National Center for Education Statistics, 2001, www.nces.ed.gov .

  5. En el plano ideal, estos serían los nietos de inmigrantes, pero una identificación tan separada no se puede hacer en los datos.

  6. Este análisis y los datos del Cuadro 4 se basan en “The Wage Structure of Latino Origin Groups Across Generations,” por Richard Fry and Lindsay Lowell, ensayo presentado en la Population Association of America Annual Meeting, Minneapolis, 2 de mayo, 2003.

  7. How Immigrants Fare in U.S. Education, por Georges Vernez y Allan Abrahamse, RAND, 1996.

  8. The Development, Relief and Education for Alien Minors (DREAM) Act (S. 1545) también rescinde una ley federal que intenta evitar que los estados concedan instrucción dentro del estado a los inmigrantes indocumentados.

Sobre Southwest Economy

Southwest Economy se publica seis veces al año por el Federal Reserve Bank of Dallas. Las opiniones expresadas son de los autores y no deben ser atribuidas al Federal Reserve Bank of Dallas o el Federal Reserve System.

Los artículos pueden republicarse bajo condición de que se acredite la fuente y se provea una copia al Departamento de Investigación del Federal Reserve Bank of Dallas.

Southwest Economy se encuentra disponible en forma gratuita y se la puede adquirir escribiendo a: Public Affairs Department, Federal Reserve Bank of Dallas, P.O. Box 655906, Dallas, TX 75265-5906, o por teléfono al (214) 922-5254.

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