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Crisis financieras: Son todavía
un misterio
Southwest Economy
Septiembre/Octubre 2005
Federal Reserve Bank of Dallas
Las crisis financieras marcan
la historia de muchas naciones en desarrollo con efectos
devastadores en la actividad económica y los
estándares de vida. Por ejemplo, en México
durante 1982, se produjo una profunda devaluación
del peso y los sobresaltos financieros dieron como resultado
que dos décadas de milagroso crecimiento llegaran
a una interrupción repentina. Muchos episodios
siguieron por toda Latinoamérica, causando que
la mayor parte del área experimentara una década
perdida de estancamiento económico. La mayor
crisis de México golpeó en diciembre de
1994, cuando una nueva devaluación del peso provocó
la peor recesión del país desde la Gran
Depresión.
Hasta cierto punto, con la esperanza
de reducir la frecuencia de dichas crisis, la mayoría
de los investigadores han enfocado su atención
en qué es lo que provoca un colapso financiero.
Entre otros resultados, el estudio de episodios anteriores
recalca la importancia de un compromiso creíble
entre la disciplina monetaria y fiscal. Las autoridades
mexicanas han logrado un progreso extraordinario y muy
bien documentado en esta área desde la Crisis
del Tequila en 1994. Como resultado, la prima que el
país debe pagar sobre sus emisiones de deuda
es ahora una de las más bajas en Latinoamérica
y México ha estado libre de crisis por más
de una década.
Aunque nuestro conocimiento en
cuanto a lo que ocasiona las crisis ha mejorado, la
caída precipitada de la producción que
sigue a la mayoría de los episodios continúa
desafiando a los economistas. Cualitativamente, no nos
sorprende que el torbellino financiero ocasione que
la actividad económica sea más lenta.
El comercio y el crédito de inversión
juegan papeles clave en las economías de mercado
y, los golpes negativos a la disponibilidad y al costo
de los recursos financieros resultarán en una
reducción de la producción.
Sin embargo, durante las crisis
la producción disminuye mucho más de lo
que la información disponible sobre el uso de
factores productivos, nos haría llegar a esperar.
En el caso del episodio de Tequila de México,
por ejemplo, el producto interno bruto cayó mucho
más que las horas trabajadas y las medidas de
capital físico (Gráfica 1).[1]
En el lenguaje de los economistas neoclásicos,
la productividad total de los factores (el índice
de producción con respecto al uso de insumos)
cae precipitadamente durante las crisis financieras.
De hecho, la productividad total de los factores es
la fuente, desde un punto de vista mecánico,
del comportamiento de la producción durante las
crisis. Los países que experimentan crisis se
vuelven repentinamente menos productivos, y la magnitud
de la baja está lejos del rango normal de variaciones
de la productividad.

El comportamiento de la productividad durante las crisis
presenta un reto difícil para los modelos macroeconómicos
estándar. Obviamente, ya que la productividad
de la mano de obra cae tan drásticamente, el
empleo y las horas trabajadas deberían caer mucho
más de lo que muestran los datos económicos.
Por lo tanto, también debería de suceder
lo mismo con la producción. En este sentido,
el aspecto más sorprendente de las crisis financieras
puede no ser que la producción caiga tanto, sino
que en su lugar ésta caiga tan poco.
Debido a que la productividad
juega un papel dominante durante épocas turbulentas,
un primer paso hacia entender el impacto real de las
crisis es explicar por qué éstas causan
que la productividad promedio de los factores caiga
tanto. Entre las muchas explicaciones posibles, los
recursos productivos tienden a ser utilizados con menor
intensidad durante los tiempos de turbulencia. Tasas
de interés altas, combinadas con una productividad
baja, le dan a las empresas fuertes incentivos para
posponer el consumo de los servicios de capital (por
ejemplo, al dejar las fábricas o maquinaria temporalmente
inactivas) y economizar en gastos variables, tales como
el deterioro causado por el uso, hasta que mejoren las
condiciones económicas. En el lado de la mano
de obra, las empresas pueden elegir reducir el nivel
de horas efectivas de trabajo, manteniendo constante
el número de trabajadores, para economizar en
costos de ajuste de la mano de obra. Trabajos de investigación
recientes muestran que de hecho, cambios en el nivel
de utilización del capital y en el nivel de horas
efectivas de trabajo fijando el número de empleados,
pueden ser, desde un punto de vista mecánico,
una fuente significativa de los movimientos de productividad
durante las crisis.
Sin embargo, por prometedores
que estos hallazgos puedan ser, es improbable que cambios
en los niveles de utilización de los factores
expliquen completamente el impacto real de las crisis.
Primero, la productividad continúa cayendo por
una cantidad inusual después de considerar los
cambios en el uso del factor. Segundo, algunos cálculos
sugieren que los modelos con utilización variable
de factores también predicen que la producción
debería caer mucho más durante las crisis
de lo observado.[2] La demanda por los factores es más
estable en dichos modelos que en los modelos con utilización
fija, pero esto se compensa por grandes oscilaciones
en los índices de utilización.
Dadas las dificultades que las
crisis presentan para los modelos estándar, la
comprensión del impacto real de las crisis financieras
requerirá muy probablemente algún modelo
de la distribución de recursos entre sectores.
Por ejemplo, en México, el empleo empezó
a crecer activamente en el sector de exportaciones después
de la devaluación de 1994. La caída en
la productividad pudo haber reflejado pérdidas
transitorias en la calidad de mano de obra, conforme
los empleados dedicaron tiempo para aprender nuevas
habilidades. Esta línea de investigación
debería echar luz sobre los efectos reales de
las crisis y podría brindar nuevas explicaciones
para dos décadas de crecimiento mediocre en Latinoamérica.
—Felipe Meza y Erwan Quintín
Sobre los
autores
Meza es un profesor
visitante con opción a permanencia
en la Universidad Carlos III de Madrid. Quintin
es economista ejecutivo del Departamento de
investigaciones del Federal Reserve Bank of
Dallas. Notas
- Para obtener evidencias similares de
otros episodios de crisis, así
como un resumen de la investigación
sobre crisis financieras, consulte "Financial
Crises and Total Factor Productivity"
[PDF], por Felipe Meza y Erwan Quintin,
Centro para Estudios Económicos
Latinoamericanos, Documento de Trabajo
no. 0105, 22 de marzo de 2005.
- Consulte Meza y Quintin (2005).
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