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La exportación de prendas de vestir y la educación: Cómo los países en desarrollo incentivan los estudios de las mujeres
William C. Gruben y Darryl McLeod
Economic Letter
Marzo 2006
Federal Reserve Bank of Dallas
Ya sea que los estadounidenses compren en boutiques de modas o en las supertiendas de precios bajos, las prendas de vestir y el calzado que compran con frecuencia se fabrica en otros países. Muchas de estas naciones son pobres, no solo según las normas estadounidenses sino también según normas globales. En los años venideros, los países de pocos recursos probablemente seguirán expandiendo su papel como proveedores mundiales de prendas de vestir y calzado. Al deshacerse el Acuerdo Multifibra en enero de 2005, se levantaron las últimas cuotas sobre las importaciones de prendas de vestir —excepto contra China. En la Ronda Doha de la Organización Mundial del Comercio, los negociadores están considerando una propuesta para poner fin a los aranceles sobre todas las exportaciones de los 70 países más pobres del mundo.
Los activistas critican las condiciones laborales en las fábricas de los países en desarrollo y advierten sobre los trabajos estadounidenses que se pierden a causa de las importaciones. Pero aún ellos reconocen que los trabajos a nivel de principiante proporcionan empleos muy necesarios para los trabajadores pobres, especialmente para las mujeres jóvenes. Algunos observadores, sin embargo, sugieren que los trabajos en las fábricas ocasionan daños sutiles: ¿Qué sucede si estos trabajos en las fábricas tientan a las jóvenes a dejar los estudios temprano, sacrificando años de educación y condenándolas a ellas y a sus niños a un futuro de trabajos de salarios bajos?
Nuestra investigación refuta la teoría de que la producción de prendas de vestir y calzado lleva a logros educativos más bajos para las mujeres. Descubrimos que la producción de prendas de vestir y calzado requiere más educación que la alcanzada por la mujer promedio en muchos países en desarrollo. Las plantas normalmente no contratan a las mujeres si no tienen por lo menos una educación hasta la escuela intermedia. En Bangladesh y otras naciones importantes en la exportación de prendas de vestir, para calificar para estos trabajos, más mujeres continúan sus estudios por más tiempo (Cuadro 1). Nuestro estudio también despeja el temor de que las fábricas de exportación creen trabajos para los menores de edad: El compromiso de las trabajadoras de obtener más educación resulta en que se demoren en procrear y disminuye la incidencia del trabajo de menores.

En pocas palabras, los proveedores difamados de Nike, Gap y Wal-Mart incentivan a los gobiernos a educar a las mujeres, motivan a las mujeres a permanecer en la escuela y les pagan bien según los niveles locales. Nuestro estudio presenta una imagen de las plantas de prendas de vestir y calzado que es mucho menos inquietante que el estereotipo de las fábricas que explotan a los obreros y es mucho más compatible con las encuestas en docenas de países que demuestran que las trabajadoras se sienten beneficiadas por los trabajos en las fábricas.
El desarrollo de las destrezas y el aumento de los ingresos para las mujeres no están vinculados solamente a la fabricación de prendas de vestir y calzado, sino a la producción de estas mercancías para la exportación. La razón se puede ligar a la demográfica peculiar de la industria: es mucho más probable que las mujeres trabajen en las operaciones de exportación. Una encuesta en Bangladesh reportó en 1999 que el 90 por ciento de los obreros en plantas de prendas de vestir que sirven los mercados domésticos eran hombres. En cambio, el 90 por ciento de la mano de obra en plantas de exportación era femenino.[1]
El hallazgo de que las fábricas de textiles y de calzado no constituyen una desventaja tiene implicaciones importantes para el desarrollo económico. Desde los años 1940 por lo menos, los economistas han discutido que los países normalmente hacen la transición de la producción intensamente agrícola a la industria liviana y luego a la producción de más alto valor agregado. La progresión se puede estancar si los países, tal vez incitados por los críticos, rechazan el tipo de manufactura ligera de la producción de textiles y calzado o cargan estas operaciones con reglamentos que no les permite competir.
La exportación y la educación
Desarrollamos un modelo para analizar los vínculos entre las exportaciones de calzado y textiles, la educación y otros factores clave en 48 países, como Brasil, Ecuador, México, Indonesia, Bangladesh y Madagascar.[2] Estas naciones se encuentran, en los países en vías de desarrollo, entre los exportadores más prolíficos de calzado y prendas de vestir a las naciones más ricas en general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos.
Lo más importante es que miramos la relación entre los aumentos de exportaciones de prendas de vestir y calzado como una cuota del PIB y la inscripción de los hombres y las mujeres en la escuela primaria y secundaria. A menudo estas naciones experimentan aumentos repentinos de fabricación de textiles y prendas de vestir después de recibir nuevas cuotas grandes bajo el Acuerdo Multifibra, un convenio de 1974 que reguló el comercio de las prendas de vestir durante más de 30 años. Aunque el Acuerdo Multifibra ha caducado, estuvo en efecto durante los años de nuestro estudio y sirvió para dar fuerza a nuestras conclusiones.
Entre los países estudiados, los aumentos en las exportaciones de prendas de vestir y calzado como una cuota del PIB estuvieron asociados en forma positiva con mejoras subsiguientes en la inscripción en la escuela secundaria tanto entre hombres como mujeres. Para el país promedio, al duplicarse la exportación de prendas de vestir y calzado como cuota del PIB, la asistencia de las mujeres a la escuela secundaria aumenta por 20 al 25 por ciento.
El promedio, sin embargo, oculta grandes diferencias entre países (Cuadro 2). En Bangladesh, por ejemplo, al aumentar la exportación de prendas de vestir y calzado, la inscripción de las mujeres en la escuela secundaria efectivamente subió hasta exceder la de los hombres, comenzando a partir del 40 por ciento relativo a la inscripción de los hombres a principio de los años 1980. En Egipto, el aumento en exportación ayudó a aumentar la asistencia de las mujeres en las escuelas de un 65 por ciento a más de 90 por ciento de la de los hombres. En Guatemala, la inscripción de las mujeres aumentó un 10 por ciento para aproximarse al 93 por ciento de la de los hombres. En Indonesia aumentó del 70 por ciento hasta casi el 100 por ciento.

No todos los países presentan un patrón lineal. Brasil y China, por ejemplo, vieron un aumento en la inscripción de las mujeres en las escuelas secundarias relativo al aumento de los hombres pero luego decayó cuando las exportaciones de prendas de vestir y calzado disminuyeron como cuota del PIB (Cuadro 3). Esto no contradice necesariamente la observación se que las fábricas de exportación incentivan los estudios de las mujeres. Una explicación posible es que el crecimiento en las industrias distintas de las de prendas de vestir y calzado dio a los hombres mayores incentivos para obtener una educación; de esta manera su inscripción subió más rápidamente que la de las mujeres.

Los exportadores de prendas de vestir y calzado emplean tanto hombres como mujeres, pero las trabajadoras componen una mayoría abrumadora de la mano de obra para la fabricación de prendas de vestir para exportación y juegan un papel considerable en la fabricación del calzado. La demográfica sesgada de las fábricas tal vez explique por qué el impacto en la educación femenina normalmente es el doble que en la educación masculina.
¿Y qué de la educación primaria? Las exportaciones mayores de prendas de vestir y calzado están asociadas con aumentos aún mayores en la inscripción femenina relativo a la masculina. Este resultado no es sorprendente. En los países pobres, las tasas de asistencia escolar normalmente son mucho más altas para varones que para mujeres. La mayoría de los varones ya estarían en la escuela, por eso las exportaciones adicionales de prendas de vestir y calzado no los motivarían a obtener una educación primaria. A las niñas, de las cuales muchas estaban recibiendo poca educación primaria, se las enviaría a clases cuando surgieran oportunidades de empleo en las industrias que requieren educación.
A causa de los factores culturales u otros, no todas las naciones en vías de desarrollo ofrecen las mismas oportunidades educativas a las mujeres. Tratamos este problema con modelado de efectos fijos, lo cual distingue entre países con prejuicios de género femenino alto y bajo. Usando este procedimiento, encontramos que el aumento en las exportaciones de prendas de vestir y calzado tienen un impacto doble sobre la inscripción femenina en las escuelas secundarias en los 28 países de prejuicio alto con relación al género pero poco efecto en el comportamiento masculino (Cuadro 4). Estos resultados sugieren que los aumentos en la inscripción por nuevas exportaciones de prendas de vestir y calzado serían mayores en Pakistán, Camboya, India, Costa de Marfil y Bangladesh —las cinco primeras naciones en prejuicio educativo contra las mujeres.

Debido a que el trabajo en las fábricas de prendas de vestir y calzado a menudo implica trasladarse de pueblos a ciudades y también días laborales con sobretiempo, las mujeres empleadas normalmente postergan el matrimonio y la procreación por varios años. Una serie de investigaciones en Bangladesh de 1990, 1993 y 1997, reportada en 2000 por Pratima Paul-Majumder y Anwara Begum, encontró que en 1997 las trabajadoras que se casaron antes de entrar a la industria de las prendas de vestir se casaron cuando tenían alrededor de 16 años, en comparación con 20 años para las que se casaron después de obtener trabajos de fábrica. La mujer promedio tenía su primer hijo a los 17 años si tenía hijos antes de entrar en la industria de las prendas de vestir; si el primer hijo llegaba después de que ella comenzara a trabajar, la edad promedio subía a los 21 años.[3]
Los datos de las encuestas no pueden demostrar una conexión clara entre la procreación y el trabajo en las fábricas. Puede ser que el trabajo en las fábricas no tenga ningún efecto en el comportamiento procreativo de las mujeres. Para determinar dicha relación, empleamos un modelo similar al que se usó para la inscripción escolar para medir los efectos de las exportaciones de prendas de vestir y calzado sobre el índice de natalidad en nuestra muestra de 48 países. Los resultados muestran que estas industrias de exportación llevan a que las mujeres den a luz a menos niños en el transcurso de sus vidas. Los efectos son un tanto más fuertes en países con índices de natalidad altos que en los de índices bajos.
El hecho de que las mujeres logren una educación superior también puede tener un efecto sobre el trabajo de menores. La Organización Internacional del Trabajo de las Naciones Unidas y el Banco Mundial recientemente comenzaron a reunir datos sobre la participación en la mano de obra de los niños que tienen 11 a 14 años. Ya que los datos no hacen distinciones entre los géneros, no podemos aislar los efectos de ningún factor sobre el trabajo de las niñas menores. Pero los datos sí muestran que las exportaciones de prendas de vestir y calzado como una cuota del PIB tienen un efecto negativo y significativo sobre la probabilidad de que se empleen menores que tienen 11 a 14 años de edad.
Los países del Acuerdo Multifibra proporcionan una rica base de datos para explorar el impacto del aumento en la producción de textiles y calzado. Lo más importante es que los datos sugieren que las plantas incentivan la educación, en particular para las mujeres, sin agravar las tasas de trabajo de menores. Los aumentos en las exportaciones del petróleo, las habas de soja y otros productos que no están fuertemente asociados con el empleo de las mujeres no resultaron en aumentos en la educación femenina. Los resultados se mantienen aún cuando incluimos otras variables aclaratorias que tal vez envíen a los niños a la escuela en lugar del trabajo, como el comercio global, los ingresos per cápita reales y los niveles de inscripción previos en las escuelas secundarias. Los modelos, por tanto, no atribuyen resultados a las prendas de vestir y el calzado que en realidad estaban relacionados a otros factores.
Las conclusiones sobre los efectos de las fábricas de prendas de vestir y calzado en la educación femenina son especialmente impresionante a la luz de las investigaciones pasadas. Algunos estudios descubrieron que las operaciones de fabricación de las exportaciones en países en vías de desarrollo pueden desanimar la educación y erosionar los cimientos para un crecimiento a largo plazo.[4]
La cadena de razonamiento sigue una versión estilizada de la ventaja comparativa. Cuando los países pobres abren comercio con los ricos, cada uno aumentará la producción de bienes que requieren recursos que tienen en abundancia y reducirá la producción de bienes que requieren recursos escasos. La apertura del comercio incentiva a los países desarrollados como los Estados Unidos a aumentar la producción de bienes que requieren una mano de obra altamente educada. Los países en vías de desarrollo cambiarán la producción hacia bienes que requieren niveles educativos más bajos. Al efectuarse el desplazamiento en la demanda relativa de recursos, los salarios de los trabajadores de pocas destrezas en países pobres aumentan en relación con los trabajadores de muchas destrezas. El resultado es un descenso en el valor de la educación en los sueldos lo cual desanima obtener una educación.
Estos argumentos, sin embargo, suponen que todos los sectores tienen comercio internacional. También ignoran la existencia de la agricultura de subsistencia; es el tipo de trabajo del que las empleadas de fábrica desean escapar debido a sus bajos ingresos y estatus, así como del supuesto "sector informal," otras de las alternativas inferiores al trabajo en las fábricas. Las mujeres podrían escoger obtener una educación y encontrar trabajo en las fábricas de textiles y calzado en lugar de trabajar en estos sectores menos deseables.[5]
Estudios anteriores han encontrado muy poca conexión entre el comercio y la educación femenina porque se enfocaron en las industrias de exportaciones en general, no intensivamente femeninas. Nuestro estudio llega a conclusiones diferentes porque mira explícitamente las industrias de exportación que principalmente emplean a las mujeres.
Cómo consideran el trabajo las mujeres
Los resultados del modelo confirman en gran parte la evidencia anecdótica proveniente de las encuestas, las entrevistas y otra evidencia que implique los trabajadores de textiles y calzado en los países en vías de desarrollo.
Las mujeres que toman los trabajos en las plantas de prendas de vestir podrían trabajar en la casa. ¿Por qué no lo hacen? La alternativa de permanecer en casa no es muy atractiva. Las encuestas a las mujeres que trabajan en sus casas en Brasil, Ecuador y México encontraron que ellas ganan del 25 al 60 por ciento menos por hora que las mujeres que trabajan en las fábricas. En las mismas encuestas, los hombres que trabajan en casa ganan como máximo 17 por ciento menos que lo que pagan las fábricas.[6]
La paga de las fábricas es mayor, ¿pero es buena? Una investigación de Mari Pangestu y Medelina Hendytio en Indonesia informa que el 85 por ciento de las mujeres en la industria de las prendas de vestir recibe por lo menos el salario mínimo. Con comidas, transporte y otras subvenciones incluidas, el 96 por ciento sobrepasa el umbral del salario mínimo. El trabajo de sobretiempo pone aun más empleados por encima de la norma del salario mínimo.[7] La serie de investigaciones en Bangladesh mostró que las trabajadoras de las fábricas ganaron aproximadamente el 23 por ciento de sus ingresos en la forma de sobretiempo y bonificaciones en 1997.
Si uno fabrica zapatillas Nike, gana más. Los trabajadores de la planta en Indonesia de la empresa de zapatos por término medio ganan más que cuatro quintos de la población que trabaja. En Bangladesh, las empresas de exportación de prendas de vestir generalmente pagan más que las empresas que no venden fuera del país.
Los sueldos también suelen aumentar con el tiempo. Un estudio econométrico de la economía de Madagascar indica que "un crecimiento sostenido impulsado por las exportaciones en la industria textil y de prendas de vestir resultará en un aumento considerable en los ingresos de los hogares pobres, con una disminución consiguiente de la pobreza."[8]
La paga y las condiciones laborales hacen de las fábricas de prendas de vestir y calzado los lugares de trabajo preferidos. Las mujeres de Indonesia no consideran el empleo en las fábricas de prendas de vestir como labor manual de bajo nivel. Más del 80 por ciento de ellas dice que sus trabajos les dan un estatus más alto que ser ama de casa. Pangestu y Hendytio citan otras encuestas que encuentran que las trabajadoras de las fábricas consideran los trabajos agrícolas que hubieran tenido en casa labor manual duro. Otro informe de Bangladesh encuentra que las mujeres perciben que los trabajos fuera de la casa mejoran su estatus.[9]
La paga relativamente alta incentiva la educación de modo directo al crear demanda por empleados con más educación. En general, las encuestas encontraron que las fábricas de prendas de vestir esperaban el equivalente de una educación de escuela intermedia, y esto es más que el promedio nacional. Las empresas de textiles y prendas de vestir esperaban aún más. De hecho, la versión de 1993 de las encuestas de Paul-Majumder y Begum encontraron que el índice de alfabetización de los trabajadores de prendas de vestir es mucho más alto que de empleados en los sectores que no son de exportación. Más llamativo aún, esta serie mostró que el promedio de años de estudio logrados por trabajadoras de prendas de vestir aumentó desde 4.1 años en 1993 a 6.3 años en 1997.
Las fábricas estimulan la educación de otro modo, aunque indirectamente. En la encuesta de Indonesia, la paga de la fábrica era lo suficientemente buena para permitir que el 69 por ciento de las mujeres ayudaran a sus familias con las finanzas. Uno de los usos de este dinero era pagar por la educación de los hermanos y hermanas. La encuesta reportó que estos encuestados se trasladaron a las ciudades y encontraron trabajo en el sector industrial como un medio para aminorar la pobreza, tanto para ellos mismos como para sus hijos. La encuesta también encontró que las mujeres valoraron no solo los ingresos sino también la independencia que venía como resultado.
Otras encuestas hacen eco de estos hallazgos. El compendio de encuestas de Bangladesh mostró que a las mujeres con frecuencia se les pagaba menos que a los hombres por hacer el mismo trabajo, pero el 19 por ciento de las trabajadoras en prendas de vestir igualmente dijeron que habían abierto cuentas bancarias sin el conocimiento de sus esposos y familias.
Reevaluando el trabajo de las mujeres
La desaparición de las cuotas del Acuerdo Multifibra ha resultado en cierto desplazamiento de las operaciones desde los países muy pobres a China, donde la infraestructura de transporte, la disponibilidad de agua industrial a bajo costo y otros factores mantienen los costos de producción bajos. A pesar de la persistencia de las cuotas, China ha surgido como el proveedor principal de las prendas de vestir para el mercado estadounidense. La eliminación de las cuotas para otros países no fue acompañada de la eliminación de aranceles. Si las negociaciones de la Ronda Doha logran eliminar todos los aranceles que los 70 países más pobres enfrentan, estos países tendrán oportunidades de movilidad ascendente que muchos no tienen ahora.
Algunas de las mejores oportunidades se encontrarán en las fábricas de exportación de las prendas de vestir y calzado. Mucha de la crítica que se ha lanzado hacia ellas no ha sido merecida. Nuestro estudio muestra que estas industrias estimulan la educación de las mujeres en lugar de disminuirla. El empleo en la fabricación de las prendas de vestir y calzado también suele retrasar el matrimonio y la maternidad de las trabajadoras, y no aumenta el trabajo de los menores.
Estos hallazgos deberían ayudar a eliminar el estigma asociado con los trabajos de fábrica y estimular a los países a incluirlos como parte integral del desarrollo. Los hallazgos también refuerzan los argumentos antiguos en la teoría del desarrollo económico de que el reemplazo de los trabajos agrícolas o del sector rural informal con empresas de ensamblaje de manufactura ligera es un paso importante para aumentar los ingresos.
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Sobre los autores
Gruben
es vicepresidente y economista ejecutivo del Banco de la Reserva Federal de Dallas. McLeod es profesor asociado de economía de la Fordham University.
Notas
- "Female Employment Under Export-Propelled Industrialization: Prospects for Internalizing Global Opportunities in the Apparel Sector in Bangladesh," por Debapriya Bhattacharya y Mustafizur Rahman, Instituto de Investigaciones de las Naciones Unidas para el Desarrollo Social, OPB no. 10, 1 de septiembre de 1999.
- "The Effect of Apparel Manufacturing on Female Education and Child Labor in Developing Countries," por William C. Gruben, Darryl McLeod, Rosendo Ramirez y Maria D avalos, documento de trabajo, en preparación.
- "The Gender Imbalances in the Export Oriented Garment Industry in Bangladesh," por Pratima Paul-Majumder y Anwara Begum, World Bank Policy Research Report on Gender and Development, documento de trabajo, serie no. 12, junio de 2000.
- "In Search of Stolper–Samuelson Linkages Between International Trade and Lower Wages," por Edward E. Leamer, en Imports, Exports, and the American Worker, ed. Susan M. Collins, Washington , D.C. : Brookings Institution, 1998.
- "Skill, Trade and International Inequality," por Adrian Wood y Cristóbal Ridao-Cano, Oxford Economic Papers 51, no. 1, 1999, pp. 89–119, y "Trade, Skills and Persistence of Gender Gap: A Theoretical Framework for Policy Discussion," por Ramya Vijaya, International Gender and Trade Network, enero de 2003.
- "The Home as Factory Floor: Employment and Remuneration of Home-Based Workers," por Wendy Cunningham y Carlos Gomez, World Bank Policy Documento de Trabajo no. 3295, 6 de mayo de 2004.
- "Survey Responses from Women Workers in Indonesia 's Textile, Garment, and Footwear Industries," por Mari Pangestu y Medelina Hendytio, World Bank Policy Research Documento de Trabajo no. 1755, abril de 1997.
- "Who Benefits and How Much? How Gender Affects Welfare Impacts of a Booming Textile Industry," por Alessandro Nicita y Susan Razzaz, World Bank Policy Research Documento de Trabajo no. 3029, 15 de abril de 2003.
- The Power to Choose: Bangladeshi Women and Labour Market Decisions in London and Dhaka, por Naila Kabeer, Londres: Verso, 2000.
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