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Estados Unidos y México
estrechan sus lazos económicos
Jesús Cañas, Roberto Coronado
y Robert W. Gilmer
Southwest Economy
Enero/ Febrero 2006
Globalización se ha convertido en el término ampliamente utilizado para describir las fuerzas que unen aún más a las economías. Para los Estados Unidos y México, sólo es una nueva palabra para un viejo fenómeno. Las dos economías, una más avanzada y la otra aún en desarrollo, han estado durante décadas sobre ese camino hacia una integración aún mayor.
Los Estados Unidos es el socio comercial más importante de México. Casi el 88 por ciento de las exportaciones de México van hacia los Estados Unidos y el 56 por ciento de sus importaciones provienen de fuentes de Estados Unidos. Al mismo tiempo, el 14 por ciento de las exportaciones de los Estados Unidos van hacia México y el 11 por ciento de las importaciones cruzan a través del Río Grande. Tal vez, más importante, es que el comercio entre Estados Unidos y México ha crecido exponencialmente desde que se firmó el Tratado de libre comercio de Norteamérica (TLCAN). El comercio entre los dos países creció de $89.5 mil millones en 1993 a $275.3 mil millones en el 2004, un incremento del 200 por ciento.
Los residentes de Estados Unidos son los mayores inversionistas en México, lo cual es evidencia adicional de que el TLCAN une aún más a los dos países. Desde 1994, el 62 por ciento de toda la inversión directa extranjera en México ha venido de los Estados Unidos.
Las dos economías también están vinculadas por el flujo de inmigrantes mexicanos hacia los Estados Unidos y las remesas que envían de regreso a sus hogares y a sus familias. A proximadamente, los 10 millones de mexicanos que residen en los Estados Unidos enviaron un estimado de $20 mil millones de dólares en el 2005, una cantidad equivalente al 3 por ciento del PIB de México.
Las economías de los Estados Unidos y México han aumentado su sincronía. Los índices coincidentes de actividad económica para ambos países, muestran que el grado de sincronización desde 1993 es casi un tercio más alto de lo que fue entre 1980-93. Ahora, las dos economías marchan casi al mismo tiempo.[1]
Los hechos de la interacción económica entre Estados Unidos y México son claros, sin embargo ahora surgen nuevas interrogantes. ¿Cómo está afectando China al comercio entre los países? ¿Cuál ha sido el impacto del TLCAN en el crecimiento económico de México, específicamente en los salarios de la región? ¿Está atada la industria de las maquilas al ciclo de negocios de los Estados Unidos? ¿Están reduciendo los niveles de pobreza en México las remesas? ¿Qué habilidades han traido a los Estados Unidos los inmigrantes mexicanos?
En noviembre de 2005, investigadores y académicos de Estados Unidos y México se reunieron en Houston para discutir estos asuntos en la conferencia organizada por el Dallas Fed "Los Estados Unidos y México: ¿Todavía estamos en sintonía?" Las presentaciones apuntaron hacia una mayor interdependencia entre las dos economías, en sincronía con la tendencia mundial hacia un aumento de la globalización.
Comercio entre Estados Unidos y México
México abrió su economía al comercio al dar dos pasos importantes: la firma del Acuerdo general sobre aranceles aduaneros y comercio en 1985 y la firma del TLCAN en 1994. El reducir las barreras del comercio representó un cambio memorable en las políticas de México y esto ha traído un incremento sostenido en el flujo de inversión directa extranjera, que lo convirtió en un país aun más competitivo y lo aísla de golpes externos.
¿Cómo ha impactado la apertura económica y comercial por mas de dos décadas al salario de los mexicanos? Daniel Chiquiar, un investigador del Banco de México, consideró el rol del comercio en el cambio de distribución de salarios en México.
Muchos de los modelos geográficos económicos han notado que la liberación del comercio de México tuvo impactos dramáticos que difirieron considerablemente por región, especialmente en el área de manufactura. El cinturón de manufactura tradicional de la ciudad de México, localizado en la parte central del país, era óptimo para una economía cerrada. Después de 1985, la parte central de México perdió algunas de sus ventajas. Impulsados por la expansión de las maquilas, el empleo y los salarios en el área de manufactura se incrementaron de manera notable en los estados cercanos a los Estados Unidos y dichas ganancias se dieron a expensas del centro del país (Gráfica 1).

Chiquiar entró en debate al dividir a México en cinco regiones y al clasificarlas de acuerdo a la fuerza de sus vínculos a la globalización mediante el comercio, migración e inversión directa extranjera. Él trata a la globalización como un golpe heterogéneo a nivel regional para la economía de México, con un mecanismo lento de ajuste operativo. De este modo, los efectos de la globalización pueden sentirse primero y más fuertemente en las regiones con lazos más estrechos con la economía internacional.
Chiquiar mostró que en las regiones con lazos comerciales más significativos, declinó la desigualdad de los salarios. Otras regiones, menos vinculadas al comercio, experimentaron un incremento en la desigualdad debido a razones que muy posiblemente no están relacionadas con el comercio. Chiquiar concluyó que dicha disminución en la desigualdad de salarios, requerirá que el resto del país fortalezca sus vínculos con la economía global.
Lo que conforma la columna vertebral del comercio entre Estados Unido s y México son los programas de importaciones temporales para exportación , que ingresan partes a México, quien las devuelve como productos ensamblados a los Estados Unidos .[2] Los productos industriales conforman el 82 por ciento de las exportaciones de México hacia los Estados Unidos y el 91 por ciento de las importaciones provenientes de Los Estados Unidos. De acuerdo con Enrique Dussel-Peters, profesor de economía de la Universidad Autónoma de México, cerca de la mitad del comercio entre Estados Unidos y México es considerado como un comercio intra-industrial. De nuevo, la mayor parte se debe a las importaciones temporales. El comercio intra-industrial con los Estados Unidos alcanzó su nivel máximo en el 2000 y ha declinado desde entonces, mientras que el comercio intra-industrial con países tales como China, es substancialmente menor.
Estas interconexiones sugieren que las maquilas están vinculadas muy de cerca con el sector industrial de Estados Unidos. Gustavo Félix Verduzco, profesor en la Universidad Autónoma de Coahuila, investigó el grado de sincronización entre el ciclo de negocios de los Estados Unidos y las maquilas, y encontró que la producción de las fábricas mexicanas y el empleo son sensibles a los salarios relativos entre Estados Unidos y México, así como a las fluctuaciones en la economía de Estados Unidos.
Félix Verduzco también concluyó que las economías de los estados de la frontera del norte de México, en donde se concentra la mayoría de las maquiladoras, se ven más afectadas por las fluctuaciones del ciclo de negocios de los Estados Unidos que las del resto del país.
Los Estados Unidos han sido por mucho tiempo el principal socio comercial para Latinoamérica y el surgimiento de China como una potencia industrial, se vislumbra como una nueva e importante amenaza para esta relación. Las importaciones hacia Estados Unidos desde China crecieron un 12 por ciento del 2000 al 2003, mientras que las importaciones a Estados Unidos desde Latinoamérica crecieron un 2.7 por ciento, incluyendo el 2.2 por ciento proveniente de México.
José Ernesto López Córdova, un economista del Inter-American Development Bank, llevó a cabo un estudio de varios escenarios sobre la sensibilidad de las exportaciones de Latinoamérica en relación con la competencia desde China en el mercado de los Estados Unidos, particularmente la respuesta más probable a los cambios en los precios de las exportaciones provenientes de China.
López Córdova estimó que una baja del 1 por ciento en los precios de las importaciones chinas hacia los Estados Unidos, incrementaría las importaciones de Estados Unidos en un 3.7 por ciento, mientras que las exportaciones de Latinoamérica para los Estados Unidos caerían un 0.1 por ciento. Las pérdidas de Latinoamérica se concentran en la manufactura, especialmente de cuero, textiles y prendas de vestir.
Un escenario con un 20 por ciento de revaluación de la moneda de China dio como resultado que las exportaciones de China hacia los Estados Unidos cayeran un 22.1 por ciento o $43 mil millones, aunque el total de las importaciones de Estados Unidos cayeran sólo un 1.7 por ciento o $24 mil millones. Un incremento del 0.5 por ciento en las exportaciones de Latinoamérica hacia los Estados Unidos compensaría parcialmente esta deficiencia. América del Sur obtiene mayores ganancias con cuero, textiles y prendas de vestir contra los sectores más sensibles al cambio de precios.
López Córdova recalcó que China ha estado dispuesta a competir en los Estados Unidos a pesar de sus barreras de aranceles altos y cuotas de textiles, que se debe en gran parte a las fuertes ganancias en la productividad. Estas ganancias en la productividad explican probablemente la mitad de las pérdidas en exportaciones de Latinoamérica para Estados Unidos y refuerzan la necesidad de llevar a cabo reformas fiscales, de mano de obra y energía en la región, entre otras.
Sebastián Royo, profesor asociado en Suffolk University-Boston y director del campus en Madrid de Suffolk University, discutió más detalladamente la necesidad de reformar las instituciones políticas y económicas para poder sacar provecho de los acuerdos de libre comercio. Él comparó la integración de España y Portugal a la Unión Europea (UE) con la integración de México al resto de América del Norte bajo el TLCAN.
España subió de un 78 por ciento del PIB per cápita promedio en la Unión Europea en 1990 a un 98 por ciento en el 2004, mientras que Portugal subió de un 56 por ciento a un 73 por ciento durante el mismo período. Royo expresó que la integración de la UE y la experiencia de México en el TLCAN han sido similares en cuanto a que los tres países han podido competir de manera más eficaz en los mercados internacionales y confrontar crisis económicas severas en sus propios países. Aunque, ambos tratados comenzaron como uniones económicas, la UE es distinta porque se basa en una unión política, cimentada en los principios de la solidaridad, que informa sus políticas distributivas.
Tanto España como Portugal eran países tradicionalmente de emigrantes, pero la ciudadanía europea y el movimiento libre entre los países miembros ha terminado con algo de la discriminación que se vivió en el pasado contra los inmigrantes y ha revertido patrones históricos. De hecho, estos dos países se han convertido recientemente en receptores netos de inmigrantes, quizá son una lección para México.
Inmigración y remesas
Para la mayoría de los mexicanos que emigran hacia los Estados Unidos, la atracción radica en obtener mayores salarios al norte de la frontera. Un número importante de trabajadores expatriados ganan lo suficiente como para enviar dinero a sus familiares en México, proveyendo una mayor fuente de ingresos para muchos pueblos. El dinero ha estado fluyendo por décadas, pero la apertura de la economía de México durante los doce años anteriores, ha ampliado las formas en las que ciudadanos trabajando en los Estados Unidos puedan enviar dinero a sus hogares.[3]
Las remesas de los trabajadores ocupan ahora el segundo lugar en generación de divisas en México, detrás de las maquilas y arriba del turismo y la inversión directa extranjera. Las remesas han aumentado de $84 millones en 1960 ($531 millones de dólares a precios del 2004) a $16.6 mil millones de dólares en el 2004. Para el 2005 se estima que las remesas alcancen los $20 mil millones de dólares . Dos ventajas de las remesas, cuando se comparan con otros ingresos, son que han sido estables y contra cíclicas.[4]
Pocos estudios analizan el impacto de las remesas en las economías en desarrollo y aun menos estudian específicamente el impacto en los niveles de pobreza. Gerardo Esquivel, investigador del Colegio de México, enfoco su estudio al impacto en la pobreza en México.
Él utilizó tres definiciones para la pobreza: pobreza de alimentos, pobreza de capacidades y pobreza de activos, lo que equivale en gran parte a la extrema pobreza, pobreza y pobreza moderada. (1) Se considera que un hogar es pobre en cuanto a alimentos si su ingreso neto per cápita es menor a la cantidad de dinero necesari a o para cubrir los gastos básicos de comida. Esta categoría incluyó al 20 por ciento de la población de México en el 2002. (2) Un hogar con pobreza de capacidades, significa que sus miembros no pueden permitirse cubrir sus gastos básicos de comida, salud y educación. Esto aplica al 26.5 por ciento de la población. (3) Un hogar está clasificado como en pobreza basada en activos, si sus miembros no pueden cubrir los gastos de comida, salud, educación, vestuario, hogar y transporte público. Cerca de la mitad de la población de México cae en esta categoría.
Luego, Esquivel consideró el impacto de las remesas sobre la pobreza en México.[5] En el 2002, cerca del 6 por ciento de los hogares mexicanos recibió dinero en remesas, 3 por ciento de hogares en el área urbana y 10 por ciento de familias en el área rural. La mayoría de hogares que reciben remesas se encuentran en la parte central y sur de México. No se concentran en los estados más pobres, tales como Chiapas, Guerrero, Oaxaca, Puebla y Veracruz, debido a los costos para llegar a los Estados Unidos, es muy difícil migrar para alguien con fondos extremadamente limitados. En su lugar, las remesas se dirigen a estados como Michoacán, Durango, Guanajuato y Zacatecas. Estos cuatro estados son la morada de más de un tercio de todos los hogares mexicanos que reciben remesas.
Esquivel concluyó que la distribución de ingresos en México es notablemente más uniforme una vez que se han considerado las remesas (Gráfica 2). Por ejemplo, más del 45 por ciento de todos los hogares que reciben remesas caerían en el 10 por ciento inferior de la distribución de ingresos si se eliminaran las remesas. Sin embargo, sólo el 12 por ciento de estos hogares todavía pertenecen al rubro más bajo, si se incluyen las remesas en sus ingresos.
Esquivel analizó el impacto de las remesas sobre los niveles de pobreza por medio de un método de puntuación que compara los hogares que reciben remesas con otros hogares que cuentan con características similares. Sus hallazgos sugieren que la recepción de remesas, sin tomar en cuenta el monto, reduce la probabilidad de que ese hogar caiga en la pobreza entre un 10 y 14 por ciento, dependiendo de la medida de pobreza que se utilice.
Hay estudios que difieren de si los migrantes a los Estados Unidos provienen de la parte alta o baja de la distribución educativa de México. La incertidumbre se basa en una falta de información representativa de la población mexicana y a las técnicas inadecuadas para combinar las estadísticas de los Estados Unidos y México.
Alfredo Cuecuecha, profesor del Instituto T ecnológico Autónomo de México, estudió las características de educación de los inmigrantes mexicanos al utilizar métodos sofisticados para comparar los datos del censo de los Estados Unidos y México y ajustarlos para el número incontable de inmigrantes mexicanos. Su conclusión fue que para el 2000, los tres grupos con la mayor probabilidad de migración eran, en orden descendente, aquéllos con nueve a 12 años de educación, aquéllos con cero años de educación y aquéllos con 13 a 16 años de educación (Gráfica 3).
No está muy claro cómo se puede explicar este patrón no lineal debido a que las diferencias de salarios entre Estados Unidos y México son mayores para los que tienen menor educación y bajan con el nivel de educación. Cuecuecha citó la siguiente hipótesis basada en documentos de investigaciones actuales. La baja de los costos de migración para aquéllos con mayor educación, posiblemente relacionados al buen nivel de inglés entre las personas con más educación, podría explicar la gran migración de personas con niveles medios de educación. Las limitaciones para obtener un crédito pueden explicar por qué los grupos con niveles más bajos de educación no pueden costear su migración. Cuecuecha afirmó que las personas en México no tienen acceso a un seguro en caso de falta de empleo, lo que implica que en casos de desempleo, deben confiar en la economía informal o en sus familias. Debido a que la pobreza está relacionada en forma negativa con la educación, las personas que tienen niveles bajos de educación, tienen mucho que perder si migran, debido a que en los Estados Unidos tampoco se les proporcionará un seguro por desempleo y su red social se queda en México.
Economías fuertemente unidas
La integración de las economías de los Estados Unidos y México está muy bien establecida, pero está cambiando en una era en la que se incrementa la globalización. Una evidencia de estos lazos estrechos puede encontrarse en la medida e importancia del comercio, el continuo crecimiento de las remesas, la importancia del sector de maquilas en sincronizar las dos economías y la necesidad de hacer a nuestras economías más competitivas a pesar de las reformas sectoriales e institucionales necesarias.
La imagen macroeconómica de México ha mejorado en gran medida durante la década pasada, pero todavía hay lugar para mejorar si se concretaran las reformas. De acuerdo a la mayoría de las estimaciones, el crecimiento actual del PIB del 3 al 4 por ciento está alcanzando el máximo de su tasa potencial. Para mejorar la tasa potencial a un 6 por ciento o mayor, se necesitan hacer cambios en las estructuras institucionales básicas de México. Más específicamente, México necesita desesperadamente reformas en el área de impuestos, energía y ley laboral.[6]
La cercanía de las economías de Estados Unidos y México hace surgir temas muy interesantes, que los investigadores están explorando en nuevas y perspicaces formas. Por ejemplo, el comercio de China con los Estados Unidos se ha basado en ventajas significativas de costos y ha desplazado a los productos latinoamericanos y mexicanos del mercado de los Estados Unidos. Sin embargo una moneda China más cara sólo sería una solución a corto plazo ya que más de la mitad de las ganancias de China sobre Latinoamérica se basan en un incremento de la productividad. La carrera de la productividad internacional refuerza la necesidad de hacer reformas en la región.
Tanto el comercio como las remesas han trabajado para ayudar a los hogares que se encuentran en la parte más baja de la escala en México. En las regiones que están fuertemente atadas a la globalización, el comercio ha incrementado la demanda de mano de obra no calificada y ha elevado los salarios para dicho sector. Además, las remesas han sacado a un número importante de hogares mexicanos del 10 por ciento de la escala más baja de la distribución de ingresos y han reducido significativamente la probabilidad de que éstos permanezcan incluso en una pobreza moderada.
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| Sobre
los autores
Cañas y Coronado son economistas
asistentes
de la sucursal del Federal Reserve Bank of Dallas en El Paso. Gilmer es uno de
los vicepresidentes del Federal Reserve
Bank of Dallas.
Notas
Las presentaciones de la conferencia pueden
encontrarse en el sitio web del Dallas Fed
en www.dallasfed.org/news/research/2005/05us-mexico.html.
- De 1980 a 1993, el coeficiente de correlación
entre los índices coincidentes
de actividad económica en los Estados
Unidos y México fue 0.73. La misma
medida incrementó de 0.96 entre
1993 y 2004.
- “Comercio EE.UU.–México:
¿Todavía estamos en sintonía?”
por Jesús Cañas y Roberto
Coronado, Federal Reserve Bank of Dallas
Business Frontier, Publicación
3, 2004.
- “Remesas de los trabajadores para
México,” por Roberto Coronado,
Federal Reserve Bank of Dallas Business
Frontier, Publicación 1, 2004.
- “Remesas de los trabajadores:
Una fuente importante y estable de las
finanzas de desarrollo externo,” por Dilip Ratha, en Global Development
Finance, Washington, D.C.: Banco Mundial,
2003.
- “Remesas y la pobreza en México:
Un acercamiento a la clasificación
de tendencias”, por Gerardo Esquivel
y Alejandra Huerta-Pineda, Colegio de
México, Documento en vigor, 2005.
- “El comercio y la manufactura
hicieron que México retomara el
curso en 2004,” por Jesús
Cañas, Roberto Coronado y Robert
W. Gilmer, Federal Reserve Bank of Dallas
Houston Business, marzo de 2005.
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