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Artículos de investigación

Los beneficios fronterizos gracias a los compradores mexicanos
Jesús Cañas, Roberto Coronado y Keith Phillips

Southwest Economy
Mayo/Junio 2006

A lo largo de la frontera de Estados Unidos con México, desde Brownsville hasta San Diego, más de 665,000 personas cruzan de un país al otro cada día para trabajar, estudiar, visitar a los parientes y hacer compras. Los ciudadanos estadounidenses viajan a México para buscar gangas, cenar, cortarse el cabello y consultar al dentista. Los mexicanos viajan hacia el norte para comprar cosas desde comestibles hasta modas de alta calidad.

Los compradores mexicanos representan un gran negocio para las ciudades estadounidenses que están en la frontera o cerca de la misma. A diferencia de los minoristas de la mayoría de las ciudades del interior de los Estados Unidos, las tiendas en Laredo, El Paso, Nogales y otros pueblos fronterizos constituyen de hecho una industria de exportación, que en la mayoría de los años contribuye a un excedente comercial estadounidense en lo que se refiere a compras transfronterizas. La industria de exportación minorista ofrece empleos para los trabajadores que tienen pocas o moderadas destrezas, y ayuda a explicar por qué el crecimiento del empleo en algunas zonas a lo largo de la frontera ha sido uno de los más rápidos en la nación desde los años 1980.

Debido a que las compras transfronterizas son tan importantes para las economías locales, las empresas, los trabajadores y los lideres comunitarios están interesados en asuntos como la cantidad de actividad minorista, su impacto sobre la economía local y los factores que determinan su crecimiento. Los investigadores han estudiado el vínculo estrecho entre el valor del peso y el flujo y reflujo de la venta minorista transfronteriza. Otra preocupación más reciente es el impacto sobre las ventas minoristas de los controles fronterizos más estrictos originados en la campaña contra el terrorismo de los Estados Unidos.

En enero, estos temas formaron el núcleo de una conferencia en San Antonio que reunió a los académicos y los expertos de la industria sobre la actividad de venta minorista transfronteriza. La conferencia fue auspiciada por el Banco de la Reserva Federal de Dallas, por medio de sus sucursales en San Antonio y El Paso, y coauspiciado por la sucursal de Detroit del Banco de la Reserva Federal de Chicago y el Consejo Internacional de Centros Comerciales.

Las presentaciones arrojaron luz sobre el estado de las compras transfronterizas e identificaron factores que pueden formar su futuro.

El impacto de las compras transfronterizas
La mayoría de las ventas a los ciudadanos mexicanos se realizan en efectivo, lo cual dificulta la medición de la actividad transfronteriza de compras a lo largo de la frontera de los Estados Unidos con México. Para producir un cálculo, el Banco de México efectúa encuestas en los puntos de cruce de la frontera, preguntándo a los individuos que regresan cuánto gastaron en los Estados Unidos o en México. En la mayoría de los años, los compradores mexicanos gastan más dinero del lado estadounidense de la frontera que lo que gastan los compradores estadounidenses del lado mexicano (Gráfica 1) .

Gráfica 1: Superávit estadounidense en las compras transfronterizas

El economista asistente del Dallas Fed, Roberto Coronado, asumió un enfoque diferente para medir las compras transfronterizas. Él usó los ingresos personales locales y el empleo para estimar el poder de compra de los residentes locales. Si las ventas minoristas de un área son mayores de lo que los residentes locales están gastando, la diferencia probablemente se debe a las compras realizadas por los ciudadanos mexicanos.[1]

Coronado calculó las ventas minoristas netas exportadas para El Paso, Laredo, McAllen y Brownsville desde finales de la década de 1970 hasta el 2001. Los mexicanos representaron $2.3 mil millones al año en compras minoristas, lo cual representa el 26.4 por ciento de todo el comercio minorista en las cuatro ciudades fronterizas y aproximadamente el 2 por ciento del total de las ventas minoristas de Texas. Laredo dependió más del comercio transfronterizo, con el 51 por ciento de sus ventas minoristas realizadas a los compradores mexicanos. McAllen le siguió con el 36 por ciento, Brownsville con el 26 por ciento y El Paso con el 11 por ciento.

¿Por qué hay diferencias tan grandes? Coronado sugirió dos razones. Primero, Laredo, McAllen y Brownsville obtienen la mayoría de sus ventas minoristas no residenciales desde el interior de México, mayormente compradores de Monterrey, la tercera ciudad en tamaño del país. Segundo, El Paso es la ciudad más grande de las cuatro ciudades fronterizas, y por lo tanto la cantidad de compras mexicanas relativa a las compras locales no es tan grande.

Las fluctuaciones en las tasas de cambio rápidamente pueden resultar en que las mercancías y los servicios al otro lado de la frontera sean más o menos costosos para los compradores internacionales. Como resultado de esto, las ventas minoristas a los ciudadanos mexicanos son sensibles a los cambios en el valor del peso (Gráfica 2). Sin embargo, la sensibilidad no es uniforme en todas las ciudades fronterizas. Coronado encontró que el comercio minorista en Laredo, McAllen y Brownsville se afecta altamente por los cambios en el valor del peso, mientras que el sector minorista en El Paso no se afecta.

Gráfica 2: Las fluctuaciones del peso impactan las ventas minoristas en la frontera

Suad Ghaddar, un economista del Center for Border Economic Studies (Centro de Estudios Económicos Fronterizos) de la Universidad de Texas–Pan American, estimó el impacto económico de los visitantes mexicanos sobre el Valle del Río Grande de Texas en $3 mil millones en el 2004, lo que incluye los gastos directos e indirectos.[2] Estos gastos respaldaron más de 64,000 empleos. En la frontera con California, Ghaddar calcula que el impacto total de los ciudadanos mexicanos es cerca de $4.5 mil millones, lo que respalda 67,000 empleos. Los trabajos vinculados al comercio minorista transfronterizo representan una gran cuota del empleo en algunas áreas, por ejemplo el 39 por ciento en el Condado Imperial de California y el 17 por ciento en el Condado de Webb en Texas.

Alberta Charney, economista de investigación del Centro de Investigación Económica y Comercial de la Universidad de Arizona, llegó a la conclusión que los gastos directos de los visitantes mexicanos en Arizona sumó $963 millones en el 2001.[3] Con el efecto dominó, el impacto económico creció hasta casi $1.6 mil millones. Los visitantes mayormente vinieron del estado mexicano colindante de Sonora, y el 86 por ciento de los gastos por parte de los mexicanos se realizó en Pima, Santa Cruz, Yuma y Cochise, los condados fronterizos de Arizona.

En el 2001, Charney llevó a cabo una encuesta de un año de duración sobre los visitantes mexicanos que salen de Arizona de los puertos de entrada de la frontera en San Luis, Lukeville, Sasabe, Nogales, Naco y Douglas y de los aeropuertos internacionales en Phoenix y Tucson. Charney informó que el 72 por ciento de los encuestados dieron como razón principal de su viaje el hacer compras, seguida por el 14 por ciento por trabajo, y el 8 por ciento para visitas familiares. Todo dicho, el 41 por ciento de sus compras tuvo lugar en tiendas departamentales y el 25 por ciento en supermercados.

Influencias sobre las ventas minoristas
Coronado mostró que el valor del peso ocasiona oscilaciones en las ventas minoristas transfronterizas de la frontera entre los Estados Unidos y México. Jeff Campbell, economista ejecutivo con el Banco de la Reserva Federal de Chicago, ha indicado que lo mismo es cierto en la frontera entre los Estados Unidos y Canadá. Según Campbell, las perturbaciones de la demanda por las variaciones en la tasa de cambio real tienen más probabilidad de tener impacto sobre el número de empresas que sobre el número de empleados por empresa.[4] Sus resultados destacan el alboroto creado en las fronteras internacionales a causa de los grandes movimientos en la tasa de cambio. Para una pérdida de empleo determinada, los efectos en los sectores de bienes inmuebles, bancarios y otros probablemente sean mayores sobre las perturbaciones que causan la quiebra de los minoristas que sobre aquellas que simplemente reducen el empleo al por menor.

John Hadjimarcou, profesor de mercadeo y administración en la Universidad de Texas en El Paso, dió un paso más allá, estudiando no sólo las consecuencias de las devaluaciones monetarias sino también el impacto de la competencia transfronteriza en el sector minorista.[5] De una muestra de 200 minoristas de El Paso, 176 llenaron una encuesta, y el 54.5 por ciento indicó que al menos la mitad de sus ventas se hicieron a los ciudadanos mexicanos.

Hadjimarcou descubrió que los minoristas preocupados por las fluctuaciones en las tasas de cambio adaptan su combinación de productos para atraer a los clientes mexicanos. Sin embargo, se sorprendió al saber que los minoristas de El Paso no prestan mucha atención a los competidores del lado mexicano de la frontera. En una encuesta de seguimiento, descubrió que esto se debe a que ellos creen que las tiendas mexicanas no pueden ofrecer igual calidad, variedad de mercancías, atmósfera y precios.

Richard Adkisson, profesor de economía en la Universidad Estatal de New Mexico, se centró en la frontera EE.UU. con México al estudiar el comercio minorista después de la implementación del Tratado de Libre Comercio de Norte América (NAFTA, por sus siglas en inglés) en 1994.[6] Debido a que el NAFTA redujo las barreras comerciales entre los dos países, hay más productos y minoristas estadounidenses disponibles en México, lo cual reduce la demanda de mercancías al por menor del lado estadounidense de la frontera. Adkisson encontró una caída en las ventas minoristas de algunos artículos del lado estadounidense bajo el NAFTA, en particular los comestibles y el mobiliario. Debido a que hubo una fuerte devaluación del peso cuando el NAFTA se puso en efecto, es difícil determinar si la disminución en ventas fue a causa del NAFTA o de la devaluación.

Ventas al por menor en la época del terrorismo
Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 cambiaron la vida en la frontera EE.UU.–México. Las medidas de seguridad más estrictas han resultado en esperas largas en los puntos de entrada y menos personas que cruzan. El número de personas que viajan de México a los Estados Unidos disminuyó de 290 millones en el 2000 a 253 millones en el 2002. Los datos más recientes disponibles muestran que ese número cayó a 242 millones en el 2004. Aunque el número de personas que cruzan ha disminuido en un 16.5 por ciento desde el 2000, desde el 11 de septiembre el comercio minorista en la frontera en realidad ha aumentado.

Tom Fullerton, profesor de economía en la Universidad de Texas en El Paso y director del Proyecto de Moldeo de la Región Fronteriza, ha desarrollado un modelo econométrico para medir el impacto del 11 de septiembre sobre la economía de El Paso.[7] Los resultados indican que el control fronterizo más riguroso ha reducido algunas categorías del tráfico del puente transfronterizo, especialmente los vehículos de pasajeros. Las ventas minoristas aumentaron durante el mismo periodo, no obstante; esto sugiere que menos viajes por los ciudadanos mexicanos a El Paso pueden ser contrarrestados por un aumento de las ventas por comprador.

J. Michael Patrick, director del Texas Center for Border Economic and Enterprise Development (Centro Tejano para el Desarrollo Económico y Empresarial de la Frontera) de la Universidad Texas A&M International, razonó que el 11 de septiembre tuvo un impacto negativo de corta duración en las compras transfronterizas. Explicó que las ventas minoristas de la frontera estadounidense crecieron en un 3.7 por ciento en el 2001, a pesar de que, entre septiembre y noviembre de 2001, el tráfico peatonal hacia al norte cayó un 17.9 por ciento, y el vehicular en un 24.4 por ciento.

Patrick señaló otros factores con el potencial de tener un impacto a largo plazo, como el programa US-VISIT, el cual chequea los "fingerscans" y las fotografías digitales de quienes buscan obtener visas, contra una base de datos de criminales conocidos y presuntos terroristas. Cuando el visitante llega al puerto de entrada, se usan los fingerscans para verificar que es la misma persona que recibió la visa. Los procedimientos de entrada han sido implementados por completo desde el final del año pasado, con pocos problemas mayores. Los procedimientos de salida, sin embargo, todavía se están probando. Aunque el gobierno respalda el programa como una manera de mejorar la seguridad y de facilitar los viajes y el comercio legítimos, muchos se preocupan de que afectará la economía fronteriza de forma adversa.

Patrick espera que el comercio minorista a lo largo de la frontera de los Estados Unidos continuará creciendo, impulsado mayormente por los sólidos aumentos de la población en la región. Podría haber obstáculos significativos a este crecimiento, sin embargo, si los procedimientos de salida de US-VISIT son ineficientes. Patrick calcula que una reducción de un 10 por ciento en los cruces hacia el norte debida a US-VISIT reduciría las ventas minoristas en las ciudades fronterizas de Texas por $760 millones, o un 2.2 por ciento.

El futuro del comercio minorista transfronterizo
Deborah Fowler de Texas Tech University, Frances Ortiz Schultschik de la Oficina de Turismo y Convenciones de San Antonio, Greg Souquette de H-E-B Grocery Co., Ted Omohundro de Prime Retail y Michael Niemira del Consejo Internacional de Centros Comerciales participaron en un panel para hablar de las tendencias en el comercio minorista transfronterizo.

Ellos estuvieron de acuerdo en que la industria minorista mexicana está pasando por una gran transformación. El número de tiendas de alto precio en las grandes ciudades mexicanas está creciendo, dando más competencia a sus contrapartes estadounidenses. Los minoristas estadounidenses siguen teniendo la ventaja porque ofrecen una mayor variedad de artículos, tienen los estilos más modernos y frecuentemente venden a precios significantemente más bajos. Estas ventajas pueden erosionarse a medida que la industria minorista mexicana evoluciona.

Los panelistas estuvieron de acuerdo en que, para permanecer en competencia con las tiendas mexicanas y otros mercados estadounidenses, las ciudades fronterizas y los minoristas que buscan compradores transfronterizos deben centrarse en la atención al cliente. San Antonio y Houston se encuentran entre muchas de las ciudades estadounidenses con oficinas de turismo o cámaras de comercio que ofrecen paquetes de viajes desde México que incluyen boletos en avión, hotel, excursiones de compras, y suplementos como actividades turísticas y atención médica. Estas ofertas en paquete, combinadas con atención personal al cliente, serán un componente necesario el mercadeo dirigido al comprador mexicano en el futuro.

El cruzar fronteras generalmente presenta inconvenientes, pero los compradores hacen el viaje cuando los minoristas en otro país ofrecen mejores precios, selección o servicio. Para la región de la frontera entre Estados Unidos y México, estas diferencias han generado miles de millones de dólares en negocios. A medida que las distancias entre las dos economías se acorten, y en particular, a medida que el comercio minorista en México sea más sofisticado, la naturaleza de las compras transfronterizas puede cambiar, planteando retos a los negocios en ambos lados.

Sobre los autores

Cañas y Coronado son economistas asistentes de la sucursal del Banco de la Reserva Federal de Dallas en El Paso y Phillips es un economista ejecutivo y asesor de política de la sucursal de San Antonio del Banco de la Reserva Federal de Dallas.

Notas

Presentaciones de la conferencia “Cross-Border Shopping Activity” (Actividad comercial transfronteriza) se encuentran en el sitio web del Dallas Fed, www.dallasfed.org/news/research/2006/06crossborder.html .

  1. “Texas Border Benefits from Retail Sales to Mexican Nationals,” por Keith R. Phillips y Roberto Coronado, en The Face of Texas, Federal Reserve Bank of Dallas, octubre de 2005.
  2. “The Economic Impact of Mexican Visitors to the Lower Rio Grande Valley 2003,” por Suad Ghaddar, Chad Richardson y Cynthia J. Brown, Center for Border Economic Studies, University of Texas–Pan American, Technical Report, mayo de 2004.
  3. “The Economic Impacts of Mexican Visitors to Arizona : 2001,” por Alberta H. Charney y Vera K. Pavlakovich-Kochi, University of Arizona, Research Study, julio de 2002.
  4. “Real Exchange Rate Fluctuations and the Dynamics of Retail Trade Industries on the U.S.–Canada Border,” por Jeffrey R. Campbell y Beverly Lapham, American Economic Review, vol. 94, septiembre de 2004, pp. 1194–1206.
  5. “Retailing to Foreign National Consumers in the Border Zone: The Impact of Currency Devaluation and Cross-Border Competition,” por John Hadjimarcou y John W. Barnes, Journal of Global Marketing, vol. 11, no. 3, 1998, pp. 85–106.
  6. “Retail Trade on the U.S.–Mexico Border During the NAFTA Implementation Era,” por Richard V. Adkisson y Linda Zimmerman, Growth and Change, vol. 35, invierno 2004, pp. 77–89.
  7. “Empirical Evidence Regarding 9/11 Impacts on the Borderplex Economy,” por Thomas M. Fullerton Jr., University of Texas at El Paso , Documento de trabajo, 2006.
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Artículo en inglés