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Informe Anual 2004 —Banco de la Reserva Federal de Dallas
Obteniendo lo mejor del capital intelectual

El conocimiento no alimentaba la economía de América en el pasado. La Edad industrial prosperó en base al dominio del hombre sobre las máquinas. La mayor parte del trabajo requería mano de obra continua para hacer funcionar el equipo de las fábricas y las mentes estaban enfocadas en dichas tareas repetitivas como medir y contar.

Una educación básica—lectura, escritura y aritmética—era suficiente para la mayor parte de trabajos. A lo largo de las carreras de los trabajadores, los trabajos cambiaban poco, de manera que los talentos adquiridos en la juventud generalmente servían hasta el retiro. El aprendizaje continuo no importaba tanto.

América ha dejado la Era industrial atrás. El trabajo industrial se realiza cada vez más en otros países; mucho de lo que queda en los Estados Unidos es altamente técnico, valiéndose más en mentes agudas que en manos ágiles.

Hoy los servicios dominan el ámbito laboral de los Estados Unidos, proporcionando el 80 por ciento de los trabajos de la nación. Parte del trabajo requiere solamente habilidades básicas, pero muchos otros trabajos requieren la habilidad de manejar tareas complejas en mercadeo, finanzas, ventas, leyes, investigación y consultoría empresarial. Las habilidades de la Era industrial no se ajustan para estos trabajos. Sólo al mejorar sus talentos, los Americanos estarán listos para aprovechar al máximo lo que nuestra economía ofrece en la Era de la información y más allá.

La transición conlleva el subir la jerarquía de los talentos humanos. [2] En las primeras etapas del desarrollo económico del país, la mayor parte de trabajo requería la fuerza de los músculos para levantar, acarrear, empujar y jalar. En la medida en que la industria reemplazaba a la agricultura, más trabajadores encontraban su nicho con las destrezas manuales e inteligencia formulista.

Las naciones post industriales están moviendo a los trabajadores a trabajos más sofisticados que requieren inteligencia analítica, imaginación y creatividad y la habilidad de interactuar con otros. El trabajo depende de los cerebros más que de la fuerza muscular. Mientras los talentos son menos teóricos que el tradicional método de enseñanza de lectura, escritura y aritmética, los expertos en educación insisten en que se pueden enseñar—con las técnicas adecuadas.

Mantener una ventaja comparativa en una economía moderna requiere que las escuelas realicen un mejor trabajo fomentando la creatividad y habilidades de las personas. Igualmente importante, estas habilidades tienen que mantenerse bien definidas en un mundo que rápidamente cambia de gustos y de tecnología. No podemos solamente obtener una buena educación mientras estamos jóvenes y esperar que sea suficiente para toda una carrera.

La transformación de la forma en que trabajamos proporciona una prioridad al capital intelectual sobre el capital físico que una vez condujo la economía americana. Ambos tipos de capital nos hacen más ricos, pero difieren en formas importantes.

El capital físico crece cuando los negocios invierten en edificios, maquinaria y otros activos productivos. En su mayor parte, estas son decisiones administrativas y el proceso generalmente toma solamente pocos meses o años. Para aumentar el capital intelectual, invertimos en seres humanos durante décadas—desde aprender el abecedario en el preescolar, hasta dominar los últimos programas de computadora en la oficina.

Las empresas realizan importantes contribuciones para crear capital intelectual, pero los trabajadores deben asumir una gran parte de la responsabilidad. Nadie puede aprender por nosotros. Debemos aportar el esfuerzo para desarrollar nuestras habilidades.

El conocimiento es finalmente propiedad del empleado más que de la empresa. Los trabajadores lo llevan consigo cuando cambian de trabajos, un factor que limita la capacidad de las empresas para obtener los beneficios de invertir en capital humano. Como resultado, los trabajadores no pueden esperar que los patronos proporcionen toda la capacitación que necesitan. Ellos deben ser participantes activos en su propia educación, ocupándose de por vida en aprender por su propia cuenta.

La era del capital intelectual conlleva importantes lecciones para los trabajadores americanos.

Primero, la educación y la experiencia pagan más ahora que antes. En 1974, los graduados de preparatoria con cerca de 40 años de experiencia ganaban un promedio de 57 por ciento más que aquellos con un nivel de educación menor que el noveno grado y solamente pocos años en el trabajo. Para el año 2003, el bono para la experiencia laboral se incrementó al 78 por ciento.

Para aquellos con títulos de licenciaturas, el valor agregado de 40 años de experiencia ascendió del 131 por ciento en el año 1974 al 216 por ciento en el año 2003. Después de cinco años o más de universidad, la compensación por 40 años de trabajo aumentó al 350 por ciento, de 185 por ciento desde hace una generación.

El patrón se mantiene para todos los niveles de educación y grupos de edad. Al ofrecer recompensas financieras mayores y progresivas, los mercados están estimulando a los americanos a obtener más educación y experiencia.

Segundo, los beneficios de la experiencia son mayores en la vida hoy día. Hace una generación, las ganancias eran las más altas para aquellos de 35 a 44 años. Los mercados, en efecto, estipulaban que los trabajadores mayores no eran tan valiosos como los jóvenes. Esto refleja la prevalencia del trabajo que requería habilidades físicas. El rendimiento laboral se deterioraba en la medida en que los cuerpos de los trabajadores eran presa de los efectos del envejecimiento.

En una economía que crece más en base al conocimiento, los trabajadores continúan devengando más a medida que envejecen. Hoy, los ingresos son los más altos para aquellos de 55 a 64 años. A diferencia del cuerpo, la mente no alcanza su máximo potencial en la madurez. La mente mantiene la capacidad de aprender.

El conocimiento se fundamenta en él mismo, como un interés compuesto. Los trabajadores universitarios muestran los ingresos más altos a medida que acumulan experiencia en la fuerza laboral. El crecimiento más lento en los ingresos de por vida se da en los estudiantes de preparatoria que abandonan sus estudios, aquellos menos aptos para desarrollar una disciplina para aprender.

Tercero, el capital intelectual se deprecia, al igual que el capital físico. El conocimiento que una vez mantuvo un valor económico puede perder aceptación en el mercado. Las calculadoras y computadoras, por ejemplo, han hecho una singular destreza de la habilidad para utilizar una regla de cálculo para resolver problemas matemáticos. En la actualidad, hay poca necesidad para las habilidades de los mozos de ferrocarril u operadores de elevadores.

Así como algunas habilidades de marchitan, otras florecen. Una economía moderna necesita trabajadores que puedan diseñar juegos de computadora, dirigir paquetes canalizados por medio de código de barras durante la noche y corregir el astigmatismo con cirugía láser. La tecnología sube el nivel de lo que necesitamos saber. Cuando pocos empleados utilizaban una computadora en el trabajo, solamente las secretarias necesitaban escribir a máquina. Ahora, cientos de ocupaciones involucran escribir correos electrónicos e ingresar datos. Millones de personas lo hacen todos los días.

El conocimiento que se necesitaba para superar los trabajos actuales van hacia adelante, algunas veces a una velocidad desconcertante. En una economía vertiginosa, el estar fuera de la fuerza laboral demanda un alto costo. Los trabajadores desempleados pueden perder terreno sin tener acceso al aprendizaje en el trabajo. Mientras pasan más tiempo fuera del trabajo, sus salarios se rezagan más. Sobre la recontratación, los trabajadores devengan salarios más bajos porque ofrecen menos experiencia y han perdido contacto con las demandas cambiantes del mercado laboral. Aquellos que están al margen por grandes distancias algunas veces nunca se ponen al día.

Los americanos continuarán obteniendo beneficios del conocimiento solamente al reponer sus habilidades depreciadas. Eso es parte de la razón por la que el aprendizaje continuo implica un gran peso en la economía de hoy día.

Organizando el rompecabezas de la educación

América ofrece una gran cantidad de opciones para el aprendizaje continuo, desde los padres y escuela de párvulos hasta educación para adultos y títulos superiores. Cada uno de nosotros debe encontrar las piezas que se ajustan a los trabajos que deseamos.

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Índice del Informe Anual 2004
En inglés
Una carta del Presidente en funciones
¿Qué sabe usted? El aprendizaje continuo en busca del Sueño americano
Mejorando nuestra situación bajo nuestra propia dirección
En el lado de la demanda: Los mercados hacen que el conocimiento pague más
Obteniendo lo mejor del capital intelectual
En el lado de la oferta: Haciendo de América un lugar más inteligente
Casos exitosos: Vidas forjadas a través del aprendizaje continuo
El futuro de América depende de su capacidad mental
Reconocimientos, Notas, Créditos de fuentes y fotografías