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Carta del
Presidente
Éste es el segundo año en que he tenido el privilegio de servir a los empleados del Banco de la Reserva Federal de Dallas y sus sucursales en El Paso, Houston y San Antonio. Durante este período, los empleados y empleadas que manejan nuestras operaciones y dirigen nuestros negocios han elevado el perfil de nuestro Banco a nuevas alturas, como lo comprueban las estadísticas de nuestras operaciones al final del presente informe anual. El año pasado, procesaron más de un billón de dólares, de los cuales 940 millones fueron cheques impresos y más de 250 millones cheques electrónicos. Cerca de 6,100 millones de billetes bancarios con un valor de más de $100,000 millones pasaron por nuestras bóvedas bancarias.
El personal del Banco de la Reserva Federal de Dallas supervisó y reguló 38 bancos miembros estatales, 450 sociedades tenedoras de bancos, y 29 agencias y entidades representativas de organizaciones bancarias extranjeras en el Distrito 11. Ellos trabajaron con abnegación para fomentar los conocimientos financieros y el desarrollo de la comunidad, para que los ciudadanos de nuestro distrito estén mejor equipados para administrar, salvaguardar y mejorar su bienestar económico. Y fueron también nuestros empleados y empleadas quienes me enviaron a la palestra de la opinión pública a pronunciar docenas de discursos y a infligir, despiadadamente, mi presencia ante el público en general y ante profesionales de la economía.
Mi tema favorito ha sido la necesidad de comprender mejor las ramificaciones de la integración económica global en el desarrollo de nuestra economía y en la dirección de nuestra política monetaria. El nexo entre la globalización y la política monetaria es el tema de investigación de máxima prioridad para el Banco de la Reserva Federal de Dallas. Hemos estado considerando este tema durante dos años, y siento gran satisfacción por el progreso que hemos logrado en comprenderlo y por el interés que observamos tanto al nivel académico y comercial como dentro del Sistema de la Reserva Federal. Andamos sobre una buena pista.
"El mejor de los mundos” (“The Best of All Worlds"), el ensayo del presente informe anual creado por nuestro economista jefe, W. Michael Cox, y por Richard Alm, nuestro escritor principal en materia de economía, contempla la forma en que la globalización transforma los engranajes de la economía. En este ensayo se examinan 10 maneras en que una economía mundial más integrada impacta la productividad y los costos. Todos estos canales son de una naturaleza real, en vez de monetaria. Pero, debido a que afectan el crecimiento económico, conllevan potencialmente también implicaciones de un alcance mucho más amplio para los responsables de forjar las políticas de la Reserva Federal.
El mandato encomendado a la Reserva Federal es el mantenimiento de un nivel de inflación bajo y, al mismo tiempo, el fomento de un progreso económico máximo y sostenible. Ésta es una responsabilidad que no podemos satisfacer sin comprender y ponderar las fuerzas que impulsan la productividad. La obtención de un rendimiento mayor de la fuerza laboral y del capital existente permite que la economía crezca a un ritmo más rápido sin crear presiones en los precios. Esto lo observamos vívidamente en la década de 1990, cuando la revolución creada por la tecnología de la información produjo un aumento vertiginoso en la productividad, redujo los costos y aceleró el crecimiento. La Reserva Federal comprendió que fue el aumento en la oferta de bienes y servicios —y no una demanda excesiva e inflacionaria— la que impulsó esta expansión, y con sabiduría permitió que la economía se orientara hacia una tasa de crecimiento mayor.
Las tecnologías que fraguaron la década de 1990 están también estimulando la globalización, la cual aumenta a su vez el tamaño de los mercados, la competencia, la especialización, los flujos de capital, la transferencia de conocimientos, y los utilidades a escala, junto con los otros factores que el ensayo de este informe anual identifica. Todos estos factores contribuyen a aumentar la tasa de la productividad o su crecimiento —o ambos.
Una productividad mayor hace bajar los costos. De esta manera fundamental, la globalización aumenta el límite de velocidad de la economía, de manera que los responsables de formular políticas financieras pueden permitir que la economía se expanda a un ritmo que en una época anterior pudo haberse considerado insostenible. En un mundo globalizado, el crecimiento más acelerado de la economía de los EE. UU. podría no tener las mismas implicaciones inflacionarias que tuvo antes en un mundo más cerrado. El crecimiento en el extranjero puede ser también un factor importante para la productividad y los costos aquí en nuestro país.
El ensayo de este año destaca la velocidad con que el mundo se está transformando en una gran economía integrada. Consideremos una muñeca Barbie diseñada en los Estados Unidos y fabricada en la China con bolitas de plástico taiwanesas, telas chinas y pelo de nailon japonés, y vendida luego a una niña de Dallas. ¿Estamos hablando de un producto norteamericano o de un producto asiático? Cuando una computadora portátil en Boston realiza una operación del corazón por control remoto en un paciente de Milán, ¿se está realizando el procedimiento quirúrgico en los Estados Unidos o en Europa? Cuando gente de los Estados Unidos y de otros países pueden lograr una colaboración tan perfecta, ¿cómo podemos deshacerla con los datos? Quizás las lagunas de productividad, la utilización de capacidades y las tasas de desempleo en otras partes del mundo debieran interesarnos tanto como las de nuestro propio país.
No podemos formular juicios apropiados sin utilizar métodos de medición adecuados. Una información que no refleje el mundo en que vivimos aumenta las posibilidades de cometer errores al tomar decisiones. Necesitamos desarrollar métodos mucho mejores para medir la economía global, particularmente porque cada vez más los servicios son un objeto de comercialización. Hoy día, los métodos más detallados para medir el rendimiento económico se relacionan con la producción de artículos, un segmento de nuestra economía que está en proceso de contracción. Podemos ofrecer información sobre la agricultura y la fabricación de productos con extremada minuciosidad, pero poseemos datos relativamente escasos sobre el sector de servicios, el cual se encuentra en rápido crecimiento —y de hecho, representa actualmente el 82 por ciento de los empleos en los Estados Unidos.
Los costos más bajos creados por la globalización hacen más elusiva la evaluación de los estándares de vida. El PIB, nuestro instrumento de medición tradicional, mide la economía en base al costo de los productos y no en términos de la contribución que estos productos hacen a nuestro bienestar. Este enfoque es particularmente problemático en relación con el creciente número de artículos cuyo costo medio de producción está bajando.
¿Reflejará el PIB de la India en forma adecuada por cuánto más sube el estándar de vida en el caso de cuatro familias que compran teléfonos celulares a un costo de $30 en comparación con una familia que compra un teléfono celular por $120? Lo dudo. La misma contribución al PIB de la India generada por el teléfono de $120 significaría que tres familias no obtuvieron sus teléfonos. En cuanto la globalización más reduce los costos, tanto más el crecimiento del PIB subestimará los avances verdaderos logrados en los estándares de vida. La obtención de la medida correcta de este avance podría muy posiblemente alterar nuestras nociones del progreso económico, con ramificaciones que impactan la manera en que enfocamos la meta de la estabilidad de precios.
El Banco de la Reserva Federal de Dallas llevará su estudio de todo esto al próximo nivel con el establecimiento del instituto que se denominará en inglés The Globalization and Monetary Policy Institute. Yo tengo una profunda deuda de gratitud con los especialistas y profesionales prominentes que han aceptado servir como asesores y directores fundadores de este instituto: Charles Bean, del Banco de Inglaterra; John Taylor, de la Universidad de Stanford; Martin Feldstein y Ken Rogoff, de la Universidad de Harvard; Glenn Hubbard, de la Universidad de Columbia; y Otmar Issing, ex-Economista Jefe y miembro de la junta ejecutiva del Banco Central Europeo.
Tenemos grandes esperanzas de que el instituto hará avanzar los conocimientos que se necesitan para formular políticas en un mundo globalizado, de modo que podamos cumplir con el mandato que hemos recibido del Congreso en el sentido de fomentar la estabilidad de los precios y el máximo número sostenible de empleos.
—Richard W. Fisher
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