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La oportunidad llama
La venta al mundo de nuestros servicios
El ritmo acelerado de la globalización que estamos viviendo es inquietante para muchos de los ciudadanos de nuestra nación. El motivo de esta inquietud es fácil de comprender. Estamos sometidos al bombardeo de noticias sobre déficits comerciales, el ascenso exorbitante del precio del petróleo, la subcontratación de empleos en el extranjero, la contracción de los empleos en las fábricas, la debilitación del dólar, el peligro de algunos productos importados —todo lo cual se hace más inquietante por la irrupción en los mercados de competidores nuevos como la China y la India.
Es posible que la globalización nos obligue a revisar nuestros manuales de operación, pero no nos hacemos ningún favor cuando acentuamos la negativo. Una economía mundial, crecientemente integrada, fomenta una producción eficiente, reduce los costos, acelera el crecimiento y promueve mejores políticas económicas. Esta integración ofrece a los consumidores de los EE. UU. más acceso a productos extranjeros y a los fabricantes de nuestro país un mayor acceso a los consumidores del exterior. Y es aquí donde radica a uno de los peligros del punto de vista pesimista: Hace caso omiso de la oportunidad que la globalización nos ofrece para vender nuestros productos al mundo.
A lo largo del siglo pasado, los Estados Unidos desarrolló una reserva profunda y diversificada de proveedores de servicios capacitados, productivos y bien remunerados. Estos proveedores forman parte de un vasto sector de servicios —cuatro quintos completos de nuestra economía— el cual incorpora destrezas y talentos forjados en el mercado altamente competitivo de los Estados Unidos. Somos proveedores de categoría mundial de servicios financieros, legales y médicos, y de construcción e ingeniería industrial. Sobresalimos en la prestación de servicios de entretenimiento, educación y la administración de información. Somos líderes en telecomunicaciones, administración y asesoría, servicios de viajes y turismo.
Gracias a desplazamientos económicos fundamentales en el mercado global, los conocimientos especializados en servicios de los Estados Unidos podrán extender ahora su influencia alrededor del mundo. La Internet, los satélites y las líneas de transmisión por fibra óptica han entrelazado a las economías mundiales al facilitar y abaratar la recopilación, el procesamiento y la distribución de información, un componente clave para la prestación de servicios complejos. Muchos de los servicios que antes se limitaban a mercados nacionales se comercian ahora a un nivel internacional.
Estas tecnologías nuevas han llegado en un momento de crecimiento explosivo de la demanda global. En las últimas dos décadas, la China, la India y otros países grandes en proceso de rápido desarrollo han abierto de par en par las puertas de sus economías, ofreciendo al resto del mundo miles de millones de clientes potenciales nuevos. A medida que estas naciones emergentes se enriquezcan en décadas venideras, gastarán una mayor parte de sus ingresos en los tipos de servicios que las compañías de los Estados Unidos están listas para brindar.
Escuchamos con frecuencia noticias relacionadas con la competencia que le hacen a las empresas y a los trabajadores norteamericanos rivales con costos bajos alrededor del mundo: operadores de centros de llamadas en las Filipinas, programadores de computación en la China, contadores en la India, oficinas con funciones administrativas de apoyo en el Brasil. Pero es poco lo que escuchamos acerca de las compañías de servicio de los Estados Unidos que crean empleos y aumentan sus utilidades al expandir sus negocios internacionales.
Sin embargo, los ejemplos abundan. Los auditorios extranjeros representaron casi el 60 por ciento de los ingresos de taquilla de Hollywood por películas ofrecidas al público en el año 2007. McDonald y Kentucky Fried Chicken sirven comidas rápidas en un mayor número de establecimientos extranjeros que aquí en los Estados Unidos. El 25 por ciento de los abogados en las 15 firmas de abogados más grandes de los Estados Unidos trabajan en bufetes ubicados en el extranjero. Arquitectos de firmas domésticas diseñan torres de oficina, aeropuertos y estadios en la China, Dubai, el Canadá y otros países extranjeros. Expertos forenses norteamericanos investigan accidentes y crímenes alrededor del mundo. Nuestros programadores crean juegos de video, nuestros académicos dictan cursos y nuestros asesores financieros administran dinero de clientes tanto extranjeros como domésticos.
El área de los servicios con frecuencia se menosprecia como un campo donde los empleos son mal pagados y carecen de futuro. No hay nada más alejado de la verdad. Muchos de nuestros trabajadores en el área servicios cuentan con una buena formación académica y ganan sueldos altos debido a su capacidad para agregar valor a lo que producen. La transición de nuestra economía hacia los servicios ha dado por resultado ingresos más altos y empleos mejores, convirtiendo a este sector en nuestra mejor esperanza para prosperar en la era de la globalización.
La oportunidad llama. Nuestra nación ha estado afinando su capacidad para los servicios durante décadas. Poseemos lo necesario para triunfar mundialmente en servicios que ofrecen empleos bien remunerados. Al abrir la puerta a la expansión del comercio en servicios, encauzaremos nuestra economía hacia un crecimiento más rápido e ingresos cada vez más altos. Al darle la espalda al llamado de la globalización, corremos el riesgo de desperdiciar una brillante oportunidad.
Servicios ascendentes
Hace un siglo y medio, el economista alemán Ernst Engel documentó las diferencias en las maneras de gastar su dinero de las familias pobres y ricas. Las de ingresos bajos tienden a asignar un monto relativamente mayor a sus necesidades básicas: alimentación, ropa y vivienda. Los consumidores de ingresos más altos gastan más en entretenimiento, viajes, servicios de atención personal y otras cosas deseables.
El desplazamiento de bienes y servicios necesarios a bienes y servicios deseables conforma los patrones de demanda de los consumidores en todos los niveles de ingresos. Con ingresos per cápita de $3,700, por ejemplo, los consumidores en la India asignan como promedio el 46 por ciento de su presupuesto a la compra de alimentos y el 3 por ciento al esparcimiento. Con ingresos per cápita de $45,000, nosotros en los EE. UU. gastamos el 12 por ciento en alimentos y el 8 en actividades recreativas.
Las observaciones de Engel son fundamentales y mantienen su validez hoy día. La demanda crece a un ritmo más lento que los ingresos en lo referente a bienes y servicios necesarios, y a un ritmo más rápido en cuanto a bienes y servicios deseables. Los economistas analizan los patrones de gastos utilizando un concepto denominado la elasticidad de la demanda en función de ingresos —esto es, el crecimiento de la demanda en relación con el crecimiento de los ingresos.
Las elasticidades por debajo de 0 indican bienes y servicios inferiores. La cantidad de dinero gastada en ellos baja a medida que los ingresos suben. El servicio de autobús inter-urbano es un ejemplo, pero los bienes y servicios inferiores son poco comunes. Las necesidades tienen elasticidades de 0 a 1 porque el consumo aumenta más lentamente que los ingresos. La demanda de bienes y servicios superiores —los que tienen elasticidades mayores que 1— aumenta con mayor rapidez que los ingresos.
Utilizando los estudios de los economistas James Seale, Anita Regmi y Jason Bernstein sobre los patrones mundiales de consumo, hemos calculado 2006 elasticidades para nueve categorías de bienes y servicios en 116 países. Los patrones de demanda cambian marcadamente desde los países de ingresos bajos hasta los países de ingresos más altos (Anexo 1 ).
Comencemos con el artículo más básico —el alimento, una necesidad en la mayoría de los países pero un bien inferior en algunos. Por cada aumento del 10 por ciento en ingresos, el monto gastado por alimentos destinados a su consumo en el hogar aumenta el 6.1 por ciento en la China y el 7.1 por ciento en la India. En los Estados Unidos, este renglón de gastos baja a un 1.1 por ciento, en parte porque en este país, la gente sale a comer fuera de casa con mayor frecuencia a medida que sus ingresos aumentan.
La ropa y el calzado son necesidades, pero en los países pobres y ricos las elasticidades son más o menos las mismas. Las medidas declinan sólo ligeramente —del 0.93 en Madagascar, donde los ingresos per cápita tienen un promedio de menos de $1,000 por año, al 0.90 en naciones mucho más ricas, como el Japón y el Canadá.
A medida que los ingresos suben desde niveles bajos, el monto gastado en vivienda y servicios públicos generales sube bruscamente al principio y con mayor lentitud después, a medida que los consumidores desplazan sus gastos a otros tipos de bienes y servicios. Las elasticidades bajan desde un nivel máximo de 1.34 en países con los niveles de ingresos más bajos, a 1.15 en naciones como Noruega, donde el promedio de ingresos per cápita es de $40,000 por año. Encontramos un patrón casi idéntico para otros gastos domésticos, una categoría que incluye gastos en mobiliario y mantenimiento.
En cuanto mayor la afluencia adquirida por las familias, tanto mayor es la parte de su presupuesto destinada a la compra de medicamentos y de servicios de atención para la salud, con una parte del dinero utilizada para el pago de procedimientos quirúrgicos electivos. Por cada aumento del 10 por ciento en ingresos, la cantidad gastada en atención médica sube un 13.4 por ciento en el Brasil, un 13.1 en Rusia y un 12.3 en Australia. En las naciones más pobres, este aumento es del 24 por ciento.
Las elasticidades muestran aumentos más rápidos en la demanda que en los ingresos en las categorías de comunicaciones y transporte. Las comunicaciones consisten principalmente en servicios telefónicos, tanto alámbricos como celulares. El transporte cubre automóviles y otros bienes, pero incluye también muchos servicios, como, por ejemplo, reparaciones de autos, boletos de aerolíneas y transporte público.
Los datos sobre los 116 países no nos permiten separar las comunicaciones del transporte. Sin embargo, al examinar los patrones de gastos de los consumidores en los Estados Unidos solamente, encontramos elasticidades relativamente altas para servicios de teléfonos celulares y viajes en aerolíneas. Esto sugiere que el aumento en la elasticidad general de la categoría se deriva probablemente de los servicios que la integran.
Los gastos por recreación presentan la elasticidad más alta en todos los niveles de ingresos, lo cual indica que los hogares alrededor del mundo están especialmente propensos a consumir más en esta categoría. Los tipos de recreación varían, por supuesto, a lo largo de la escala de ingresos —desde la compra de naipes y fichas de dominó en los países pobres, pasando por la concurrencia a juegos de fútbol en los países en desarrollo y llegando al disfrute de producciones teatrales de Broadway en los Estados Unidos.
En muchos hogares pobres, los niños abandonan la escuela para ir a trabajar. A medida que las familias tienen ingresos más altos, adquieren la capacidad para sufragar un mayor número de años en las aulas escolares para sus hijos. La educación es un bien superior, con elasticidades que van desde 1.07 a 1.09 —no tan alto como las categorías de atención médica, recreación y comunicaciones. La educación es una prioridad porque es de importancia clave para obtener ingresos más altos, pero su elasticidad medida puede estar limitada porque las decisiones de gastos las toman con frecuencia los gobiernos y no los hogares.
El consumo aumenta con mayor rapidez que los ingresos en la categoría general "otro". Esta categoría, integrada principalmente por servicios no incluidos en otros renglones, incluye la elaboración de testamentos por abogados, la preparación de declaraciones de impuestos sobre la renta por contadores públicos y la reparación de computadoras por técnicos. Ella incluye también muchos de los servicios de atención personal que los consumidores utilizan con regularidad, desde cortes de cabello hasta el lavado en seco de prendas de vestir.
En general, los servicios revelan un alto grado de elasticidad. Es probable que los países con ingresos per cápita en aumento seguirán el camino ya transitado por los consumidores en los Estados Unidos, asignando una parte creciente de sus ingresos a la compra de servicios. Los hogares más afluentes desearán más alimentos, más energía y más bienes manufacturados, pero la demanda global se inclinará poco a poco hacia sirvientes, peluqueras, artistas de espectáculos, agentes de seguro, asesores financieros, médicos y otros proveedores de servicios.
El aumento en el consumo de servicios es una característica de las sociedades que enriquecen (Anexo 2 ). Los cambios en sus patrones de gastos significan que los productores de bienes inferiores se quedarán atrás. Los productores de bienes y servicios superiores están en una posición mejor para aprovechar la creciente demanda global, especialmente si lo que venden puede comercializarse en mercados donde los consumidores cuentan con más dinero para gastar.
Los ingresos per cápita han estado aumentando en muchos países: España y Polonia en Europa, Brasil y Chile en la América del Sur, Tailandia y Vietnam en el Asia Oriental. La demanda por servicios en estos países continuará aumentando, pero la China y la India posiblemente serán los consumidores potenciales más grandes.
Aunque todavía son pobres en términos de los estándares de los Estados Unidos, estas dos naciones han ascendido con rapidez en años recientes. Combinadas, cuentan con 2,400 millones de habitantes —ocho veces la población de los Estados Unidos— quienes también demandarán aún más servicios. Los gigantes emergentes que a veces tememos pueden ofrecernos las oportunidades mejores.
Con su población grande y su rápido crecimiento, la China contribuirá más al aumento de la demanda global que cualquier otro país en 2008. Solamente el aumento en los montos gastados por esta nación debe alcanzar $151 mil millones por concepto de comunicaciones y transporte, $116 mil millones por servicios médicos, $87 mil millones por educación y $79 mil millones por actividades de recreación (Anexo 3 ).
La India no igualará la demanda incremental de la China y de los Estados Unidos, pero deberá añadir $37 mil millones por comunicaciones y transporte, $25 mil millones por servicios médicos, $24 mil millones por educación y $16 mil millones por recreación.
El aumento de los montos gastados se hará todavía mayor a medida que la China y la India continúan creciendo. Una gran parte de esta demanda la satisfarán, sin duda, proveedores de servicios locales, pero los consumidores y comercios en la China, la India y otras naciones harán compras también en el mercado mundial. Esto representará negocios potenciales nuevos para compañías que ofrecen servicios de calidad y valor para la exportación —negocio que beneficiará a los Estados Unidos, por supuesto, pero también a otros países.
En el año 2006, nuestros mayores mercados para servicios exportados fueron países con una larga tradición de vínculos económicos con los Estados Unidos: El Reino Unido, el Japón, el Canadá, México y Alemania. Las compañías de los EE. UU. han contado con décadas para desarrollar sus negocios en estos mercados, y los servicios que les exportamos siguen creciendo. (Anexo 4 ).
La China y la India, mercados en gran parte cerrados para los extranjeros antes de las reformas favorables de las décadas de 1980 y 1990, han sido los mercados de crecimiento más rápido para los servicios exportados por los EE. UU. durante los últimos 15 años. Las ventas a la China han subido en un 500 por ciento y en un 450 por ciento a la India.
A principios del año 2006, la China se encontraba ya entre los 10 mercados principales para servicios exportados de los EE. UU. en ocho categorías: fletes; servicios portuarios; administración, asesoría y relaciones públicas; servicios legales; servicios de construcción, ingeniería, arquitectura y minería; la instalación y mantenimiento de equipos; arrendamiento operativo; y otros servicios comerciales y profesionales.
La India se unió a la China entre los 10 mercados principales en las categorías de servicios de construcción, ingeniería, arquitectura y minería, y en otros servicios comerciales y profesionales, y clasificó además en una alta posición en cuanto a viajes y al transporte de pasajeros. La India clasificó en primer lugar y la China en segundo lugar en el uso de servicios educativos de los EE. UU.
Nuestra posición ventajosa en el área de servicios
El precio de servicios en comparación con el precio de bienes ha subido a más del doble desde que los veteranos que regresaban de la Segunda Guerra Mundial dieron inicio a una carrera desenfrenada de gastos. Hemos estado dispuestos a pagar más por servicios porque nuestros ingresos han aumentado, las elasticidades de los servicios son altas y la calidad de los servicios ha mejorado en comparación con la de los bienes.
No fue sino en los primeros años de la década de 1980, sin embargo, que los precios de servicios exportados comenzaron a alcanzar los precios de bienes (Anexo 5 ). Desde entonces, la relación precios de servicios a precios de bienes exportados por los Estados Unidos ha aumentado con rapidez, lo cual sugiere que estamos vendiéndole al mundo servicios más valiosos. El aumento de los ingresos en otros países y los tratados que derrumbaron las barreras comerciales han contribuido también a los precios relativos más altos de los servicios exportados.
El momento en que ocurrió este fenómeno sugiere, sin embargo, que el factor operativo clave fue la tecnología. Los precios relativos de los servicios subieron precisamente cuando la revolución en el procesamiento de información y las comunicaciones alcanzó consistencia en su ritmo. La invención del microprocesador nos llevó hacia las computadoras, los teléfonos celulares, la Internet y el correo electrónico, expandiendo la capacidad para trasladar cantidades enormes de datos a virtualmente cualquier lugar. Los productores de servicios podían comunicarse con clientes distantes en formas nunca antes posibles.
Los servicios se diferencian de los bienes en aspectos fundamentales. Es posible producir la mayoría de los bienes en masa, embalarlos, almacenarlos y fletarlos; la producción y el consumo pueden estar muy separados en el tiempo y en el espacio. Es fácil comercializarlos, aun a través de grandes distancias. Por otra parte, la mayoría de los servicios se crean para clientes específicos, se entregan directamente a ellos y se consumen cuando se producen. Antes de que la tecnología redujera las barreras impuestas por la distancia era difícil comercializar los servicios.
Los bienes todavía representan la mayor parte de las exportaciones de los EE. UU., pero los servicios han ganado terreno, aumentando desde el 19.6 por ciento de las exportaciones totales en 1980 hasta el 29.8 por ciento en el año 2007 (Anexo 6 ). Las ventas de servicios al extranjero ascendieron a $488.5 mil millones en 2007, una cantidad mucho más grande que la de cualquier otro país. Sobrepasamos el volumen combinado de los dos siguientes exportadores de servicios más grandes: la Gran Bretaña con $275.5 mil millones y Alemania con $210 mil millones, países que se benefician del acceso fácil a los mercados de sus socios en la Unión Europea.
Realizando un desglose por industria, descubrimos que las exportaciones de servicios de los EE. UU. excedieron sus importaciones en 15 de las 20 categorías a que el Departamento de Comercio da seguimiento. Y con frecuencia, los márgenes de ventaja fueron grandes (Anexo 7 ). Nuestra mayor ventaja fue en la ingeniería industrial, donde las exportaciones fueron casi 24 veces mayores que las importaciones. Esto refleja una demanda global de técnicos de los EE. UU., quienes viajan al extranjero para instalar sistemas de control computarizados, diseñar robots industriales y agilizar cadenas de abastecimiento.
En 2006, los estudios cinematográficos de los EE. UU. produjeron éxitos de taquilla como la película Pirates of the Caribbean: Dead Man's Chest, ayudando a que la distribución extranjera de películas y programas de televisión excediera la importación por un factor de 13.
Los informes transmitidos por los medios de comunicación han enfocado a ciudadanos de nuestra nación que viajan al extranjero en busca de servicios económicos de atención médica, pero en el 2006 los extranjeros gastaron 10 veces más dinero en servicios médicos obtenidos en los EE. UU. que lo que gastamos nosotros en el exterior. Los Estados Unidos marcha a la vanguardia del mundo en investigaciones médicas, permitiendo que nuestros doctores y hospitales ofrezcan a los pacientes servicios de atención avanzados que posiblemente no lograrán encontrar en sus países nativos.
Los extranjeros están contratando a firmas de los EE. UU. para proyectos de infraestructura y exploración. En la categoría de servicios de construcción, ingeniería, arquitectura y minería, nuestras exportaciones fueron casi 10 veces mayores que nuestras importaciones. Las siguientes relaciones de exportaciones a importaciones de los EE. UU., en términos de volumen, ocurren en las categorías de servicios relacionados con bases de datos y otros servicios de información, y servicios para la instalación, reparación y mantenimiento de equipos. Países extranjeros están contratando a expertos de los EE. UU. para mejorar la eficiencia de sus compañías.
Nuestros firmas de abogados han refinado sus destrezas en un sistema legal muy complejo. Este caudal de talento ayudó a que los EE. UU. tuviera una ventaja de 5 a 1 en servicios legales. Nuestro poderío industrial comenzó a enriquecernos hace más de un siglo, dando ímpetu al desarrollo de los conocimientos financieros necesarios para la administración del dinero. Este legado explica por qué nuestra exportación de servicios financieros fue cuatro veces mayor que nuestras importaciones en el 2006. Muchos de nuestros colegios de educación superior y universidades clasifican entre los mejores del mundo. Los servicios educativos que vendemos a los extranjeros son tres veces mayores de los que compramos en el exterior.
Las compañías de los EE. UU. han acumulado un enorme caudal lucrativo de derechos de propiedad intelectual y de patentes. Al poner en circulación este valioso recurso en los mercados globales, nuestras compañías se benefician con regalías y honorarios por derechos de licencia. Lo que recaudamos del extranjero excede lo que pagamos a otros países por más de 2 a 1.
Los EE. UU. tuvo un pequeño superávit de servicios en la categoría de viajes y turismo, la categoría de servicios más grande en el comercio internacional. Nuestras exportaciones sobrepasaron también las importaciones en servicios portuarios, telecomunicaciones, computación y procesamiento de datos, y en administración, asesoría y relaciones públicas.
Acumulamos déficits comerciales significativos en solamente dos categorías de servicios: fletes y seguros. Tuvimos déficits más pequeños en tres otras áreas: pasajes de viaje, publicidad, e investigación, desarrollo y pruebas.
Los patrones de comercio generales demuestran que los Estados Unidos es un país globalmente competitivo en una amplia gama de industrias que emplean a profesionales especializados en servicios con la capacitación necesaria para realizar tareas complejas y operaciones sofisticadas. Los servicios en que comerciamos abarcan el conocimiento incorporado. Es más probable que vendamos a los extranjeros tratamientos para el cáncer en vez de remedios para refriados, asesoría en la adquisición y fusión de empresas en vez de búsquedas de patentes, el diseño de sistemas de computación en vez de programación básica.
La exportación de conocimientos
Algo de la ansiedad que los ciudadanos de los EE. UU. sienten en torno a la globalización proviene de una interrogante visceral: ¿Cómo haremos para mantener nuestro alto estándar de vida en este nuevo ambiente económico? En la exportación de servicios se encuentra una gran parte de la respuesta.
La China, la India y otras naciones con salarios bajos compiten en el extremo inferior del mercado de servicios, con centros de llamadas, operaciones de respaldo y servicios similares. Los exportadores de servicios de los Estados Unidos operan al otro extremo del espectro de destrezas. Ofrecemos servicios con un alto valor agregado —servicios de mayor estimación para los clientes porque requieren las destrezas y el talento de profesionales con un alto grado de preparación. Los trabajadores que agregan el mayor valor con su labor devengan los ingresos más altos.
En los Estados Unidos la producción de valor agregado se ha ido expandiendo por generaciones —en empleos, empresas e industrias, y en toda la economía.
La industria agropecuaria ha evolucionado hacia una producción que no requiere el uso intensivo de mano de obra, sino de capital. Las fábricas han trasladado su enfoque de la fabricación de textiles y juguetes a la producción de aeronaves, fármacos y microcircuitos. La jerarquía de servicios ha evolucionado de la misma manera. Comenzó con costureras, lavanderas, oficinistas, telefonistas y proveedores de servicios personales de baja categoría, y ha ascendido a un ritmo constante hacia empleos como especialistas médicos, contadores forenses, psicólogos industriales y arquitectos ambientales.
Al nivel macroeconómico, la agricultura cedió el paso al crecimiento de la industria; a su vez, la industria ha cedido el paso a la expansión de los servicios. Este patrón se ha repetido en la mayoría de las otras naciones a medida que el crecimiento de los ingresos produce cambios en la demanda entre los consumidores y la calidad relativa de los servicios mejora.
Las naciones con el 30 por ciento o más de su fuerza laboral dedicado a la agricultura tienen, generalmente, ingresos anuales per cápita por debajo de $6,000 (Anexo 8, cuadro superior ). A medida que este sector se reduce, los ingresos aumentan, lentamente al principio pero después a un ritmo más acelerado. Los países con menos del 5 por ciento de su fuerza laboral ocupado en tareas agrícolas tienden a alcanzar ingresos anuales per cápita de más de $30,000. Las granjas y haciendas en los EE. UU. emplean solamente el 1.5 por ciento de los trabajadores del país.
La adopción de técnicas agropecuarias más productivas libera la mano de obra rural, la cual emigra hacia las ciudades para trabajar en industrias manufactureras y de construcción. Los trabajadores recién llegados del campo tienden a tener poca capacitación y menos educación, pero la maquinaria y su capacitación en el empleo aumentan su productividad con rapidez. Los ingresos per cápita aumentan. Paso a paso, las economías industriales progresan —hasta cierto punto (Anexo 8, cuadro intermedio ).
El crecimiento tiende a alcanzar un límite natural cuando la industria se aproxima a un 30 por ciento de empleo. Por encima de esta cifra, la parte de empleos industriales baja mientras los ingresos aumentan. En los Estados Unidos, los empleos en las industrias manufactureras, la minería y la construcción alcanzaron su límite máximo con un tercio de los empleos a principios de la década de 1950. Este límite máximo ha declinado desde entonces, hasta caer por debajo del 20 por ciento.
Los recursos laborales que la industria ya no necesita se encauzan hacia los servicios. Los ingresos per cápita suben con rapidez una vez que los servicios constituyen más del 50 por ciento de los empleos, indicando que las economías se han desplazado hacia un nuevo modelo para lograr el éxito, un modelo centrado en la educación de sus trabajadores para ubicarlos en empleos de servicios altamente remunerados (Anexo 8, cuadro inferior ). El sector de servicios de los EE. UU. se ha expandido con rapidez en décadas recientes. En la actualidad emplea aproximadamente el 80 por ciento de los trabajadores.
Los ingresos altos y los sectores grandes de servicios viajan mano a mano, refutando la crítica anticuada de los servicios como un sector de salarios bajos y empleos sin porvenir. Se ha demostrado que los servicios constituyen el camino hacia la prosperidad y no hacia la pobreza. La economía de los EE. UU., dominada por los servicios, es superada solamente por la economía de la pequeña nación de Luxemburgo en sus ingresos per cápita. Nos siguen de muy cerca Noruega, Irlanda, Suiza y otras naciones avanzadas en su transición hacia la economía de servicios.
Estas economías no podrían prosperar si los empleos de servicios no estuvieran bien remunerados. Los salarios en los EE. UU. han estado subiendo con mayor rapidez en la industria de los servicios que en la industria manufacturera. Desde 1990, las ganancias han sido particularmente fuertes en finanzas, seguros y bienes raíces; educación y salud; información; y servicios profesionales y comerciales (Anexo 9, cuadro superior ). Entre las principales categorías de empleos, solamente el transporte y el almacenaje no han podido superar a la industria manufacturera.
En 2007, el pago por hora promedio en las fábricas, con la exclusión del pago por sobretiempo, se mantuvo a $16.40, pero el trabajador típico ganaba $27.93 en servicios públicos, $23.92 en información, $20.14 en servicios profesionales y comerciales, y $19.66 en finanzas, seguros y bienes raíces. En el 2007 los empleos en ventas al por menor, en actividades recreativas y en hospitalidad, sin embargo, no pagaron tanto como los empleos en las fábricas.
La compensación alta en servicios se debe al capital humano, a los conocimientos de los trabajadores. Su educación, las destrezas que han adquirido y sus talentos naturales permiten que los trabajadores de servicios en los EE. UU. generen una producción anual promedio de casi $80,000, una cifra que los coloca entre los más productivos del mundo (Anexo 9, cuadro inferior ).
Los salarios de los trabajadores se derivan de su productividad, y su productividad se deriva de la disponibilidad del capital necesario para realizar sus labores. En la producción de bienes, las empresas proveen casi todo el capital necesario para que los trabajadores sean más productivos: maquinaria, equipos y capacitación.
El capital intelectual que domina el área de los servicios, sin embargo, proviene principalmente de las inversiones hechas por los mismos trabajadores, quienes toman decisiones sobre su propia educación. Ellos asimilan los conocimientos que adquieren en el trabajo y lo llevan consigo cuando cambian de empleo. En pocas palabras, los trabajadores de servicios entran a su empleo y salen de él con el capital intensivo en conocimientos que les confiere su valor.
El capital humano explica las vastas diferencias en los salarios pagados en el sector de los servicios. Los trabajadores en este sector que tienen mayor educación y capacitación reciben los salarios por hora más altos: $88.53 para cirujanos, $67.76 para dentistas, $54.65 para abogados y $48.77 para administradores financieros. Los empleos que requieren poco capital humano se remuneran con salarios relativamente bajos: $7.67 para cocineros de comidas rápidas, $8.99 para sirvientas, $10.62 para conductores de taxi y chóferes y $11.51 para empleados de almacenes de ventas al por menor (Anexo 10 ).
Las escalas de pago no son tan diversas en las industrias que manufacturan bienes, principalmente porque los requisitos educativos no varían tanto y porque las empresas pueden proveer capital físico con facilidad. La escala de pago varía desde $48.86 para ingenieros petroleros, quienes por lo general tienen una formación universitaria, hasta $9.78 para operadores de máquinas de coser, un empleo que requiere poca capacitación especializada.
El capital humano en el sector de servicios comienza con una educación formal, especialmente en colegios de educación superior y en escuelas profesionales. Más de la mitad de los empleos en administración, comercio y ocupaciones financieras han obtenido una licenciatura o grados académicos más altos. Dos tercios de los trabajadores en empleos profesionales cuentan con una educación universitaria. Por contraste, solamente el 10 por ciento de las personas empleadas en ventas han obtenido un título universitario.
El capital humano no proviene solamente de lo que se aprende leyendo libros; no se trata simplemente de la capacidad mental analítica. Hoy día, el capital humano refleja cada vez más destrezas en relaciones humanas e inteligencia emocional, desarrolladas principalmente en la interacción directa con otras personas. Es aquí donde la diversidad cultural y étnica de nuestro país nos beneficia. Somos una nación ricamente diversificada —multi-racial, multi-cultural y multi-étnica, una amalgama de virtualmente todas las sociedades del planeta.
Tenemos también más experiencia que el resto del mundo en la prestación de servicios. La mayoría de nuestros trabajadores están ya dentro del sector, donde se han estado relacionando con otras personas, y no con las máquinas o la tierra. La combinación de la diversidad con la experiencia nos coloca al frente de la mayoría de los otros países en cuanto a nuestra capacidad para prestar servicios a un mercado global.
Durante la década de 1930, los economistas Eli Heckscher y Bertil Ohlin refinaron la teoría de la ventaja comparativa formulada por David Ricardo y demostraron que las naciones tienden a exportar bienes y servicios que utilizan intensamente sus abundantes factores de producción. Países bien dotados de terrenos y otros recursos naturales venden alimentos, minerales, madera y otros bienes similares. Países que cuentan con muchas fábricas y equipos exportan acero, maquinaria y otros bienes manufacturados.
Nuestro país posee la reserva de conocimientos más abundante del mundo. Ésta es, por supuesto, una de las razones por las cuales hemos surgido como un gran exportador de bienes manufacturados de gran sofisticación. Pero los conocimientos son inherentes a nuestros servicios de alto valor agregado, muchos de los cuales pueden exportarse ahora con facilidad, gracias a la tecnología actual.
La oportunidad de los EE. UU.
Vivimos en un mundo de cambios constantes, donde lo nuevo y lo mejor batalla continuamente contra el status quo. Las empresas fracasan, los trabajadores pierden sus empleos y los procedimientos antiguos se vuelven obsoletos debido a la creación de productos, industrias y empleos nuevos. Es el precio que pagamos por el progreso. Para poder ascender por los peldaños que conducen a la producción de alto valor agregado y a ingresos crecientes, es imprescindible que las naciones se sobrepongan a la turbulencia constante de la economía.
Los países pobres se encuentran en los peldaños inferiores. Tienen la posibilidad de ascender añadiendo capital físico y reasignando sus recursos de la agricultura a la industria. Los países ricos han ascendido ya a los peldaños superiores orientando sus economías hacia los servicios. Sus mejores posibilidades de ascender todavía más descansan en el refinamiento de su capacidad para prestar servicios con un valor agregado más alto. La manera de lograrlo es mediante la inversión en el capital humano: una educación mayor y mejor, por supuesto, pero también la adquisición de la sabiduría conferida por las experiencias en el trabajo y por la vida.
La demanda doméstica continuará alimentando las industrias de servicios en los Estados Unidos, pero nos encontramos frente a una oportunidad sin precedentes en el mercado global. La capacidad para prestar más servicios a clientes distantes llega con el ímpetu de la demanda global. Si los proveedores de servicios en los Estados Unidos no aprovechan la oportunidad, otros la aprovecharán.
Los críticos de la globalización quisieran infundirnos temor de la época en que vivimos. Andan buscando maneras de retardar la integración de la economía mundial, o de sofocarla por completo. Aunque podría ser prudente mitigar los efectos secundarios e indeseables de la globalización, una reacción proteccionista conlleva el riesgo de desperdiciar los beneficios y las ventajas que la globalización ofrece.
Nuestros superávits comerciales en una gama de industrias de servicios comprueban que nuestra nación puede competir en el mercado global. Necesitamos ingeniarnos más y educarnos mejor. Necesitamos aceptar con entusiasmo la globalización y reconocer las perspectivas brillantes de vender nuestros servicios al mundo. Es el momento de aprovechar esta magnífica oportunidad.
—W. Michael Cox y Richard Alm
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