Speeches by Richard W. Fisher
Laredo, Texas | 10 de septiembre del 2007

Las economías de Estados Unidos, México y la frontera
Comentarios en un almuerzo de la comunidad del Banco de la Reserva Federal de Dallas

 

Es un gran placer estar de regreso en Laredo. Es un lugar que conozco bien porque pasé mucho tiempo aquí entre 1993 y 1994, cuando me aparté del camino del "bien" para postularme, de manera infructuosa, al Senado de los Estados Unidos. Pero aunque aventurarse en las frías y salobres aguas de la política puede ser una experiencia sombría, siempre hay rayos luminosos de sol que llenan toda una vida de cálidos recuerdos. Laredo fue uno de los más brillantes rayos en mi corta carrera política.

Recuerdo de manera muy especial los fines de semana en que se celebraba el cumpleaños de Washington. Me pareció formidable la elección que hicieron en su momento de Ann Richards como el Señor del Sur de Texas —un toque maestro que ilustra la manera en la que Laredo combina, en audaz tono de broma, el respeto a la tradición con un sentido avanzado de la modernidad. Y me encantaba el esplendor y la pompa del Baile Colonial, lleno de bellas mujeres en magnificentes e increíblemente costosos vestidos.

No soy el primero, y ciertamente no seré el último, en quedar abrumado por la generosidad y el gran corazón de la gente de esta dinámica ciudad fronteriza, incluyendo nuestro flamante director de Laredo, Memo Treviño. Veo muchas caras familiares aquí, como Rosanne Palacios y Alberto y Lucy Cárdenas, entre muchos otros. Alberto y Lucy son los padres de Beto. Beto me llevó a todos lados y viajó conmigo durante mi campaña al senado en contra de Kay Bailey Hutchison. Eso fue hace 13 anos. Hoy, Beto trabaja para la Senadora Hutchison; prueba de que el tiempo todo lo cura.

Habiendo justamente mencionado el Baile Colonial, me es imposible no mencionar a los LaMantias. Steve y Linda tienen cinco niñas preciosas. No fue coincidencia que después del nacimiento de Molly, la quinta niña, el padre de Steve, Joe, le regalara a la familia un perro con el nombre de Boy. Es probable que, para sus adentros, Papá Joe estuviera haciendo cuentas del costo futuro de cinco vestidos para el Baile Colonial. Y con la misma certeza de mi sentimiento de amistad por la familia LaMantia, él supo que para mí quizás hubiera sido demasiado abogar por una política monetaria menos estricta con el fin de facilitar la vestimenta de las cinco niñas LaMantia.

Quiero comenzar hoy haciendo algunas observaciones sobre la economía de los Estados Unidos antes de abordar el tema de México y nuestra economía fronteriza. Les recuerdo que, como siempre, hablo exclusivamente en nombre propio, y no por el Comité Federal de Operaciones de Mercado Abierto de los Estados Unidos (FOMC por sus siglas en inglés), ni por el Sistema de la Reserva Federal.

El Predicamento Actual de la Economía de los Estados Unidos

En las últimas semanas hemos oído mucho sobre la turbulencia en los mercados financieros. Y hemos estado distraídos por el ruido de la caída en los préstamos de alto riesgo (subprime), los constantes reportes de reevaluación en los mercados de títulos respaldados por activos, la volatilidad en la bolsa de valores y los temores de contagio a otros sectores de la infraestructura financiera. (Aparentemente no continua siendo cierto que, como alguna vez Andrew Mellon diría, "Los caballeros los prefieren bonds"). Entre el clamor y el drama, algunos pueden haber perdido de vista la gran capacidad de recuperación de nuestra economía. En el primer trimestre del 2007, el PIB de los Estados Unidos creció a pesar de marcados descensos en el mercado de la vivienda y en la producción de automóviles. Durante el segundo trimestre el crecimiento repuntó a una tasa del 4 por ciento anual, algo que es considerable para una economía de 13 billones de dólares. En el segundo trimestre nada más, nuestro país incremento su producción en 130 mil millones de dólares. Mucha de la renovada fortaleza provino de las exportaciones, un recordatorio de que nuestra economía flexible y altamente diversificada tiene múltiples fuentes de crecimiento. Con un segundo trimestre sólido y un bajo nivel de desempleo, la economía de los Estados Unidos entró a la segunda mitad del año con buenos prospectos. En relación a la revuelta financiera iniciada el mes pasado, podría decirse que soy optimista por la forma en que la economía ha respondido: La baja en los niveles de crédito no parece haber tenido un impacto mayor en los niveles de actividad económica fuera de los bienes raíces.

En la medida en que nos acercamos a la próxima sesión del FOMC, cada uno de los participantes, incluyéndome, está profundizando en las cifras y recibiendo retroalimentación de líderes empresariales, la banca, y otros que dan testimonio de lo que está ocurriendo en la economía en tiempo real y, esto es importante, nos comunican sus impresione a cerca de la dinámica de crecimiento e inflación. Yo soy particularmente activo en este frente. Antes de cada reunión, platico con cerca de 30 directores ejecutivos y financieros de una selección cuidadosa de empresas grandes y pequeñas del país, con el fin de tener un entendimiento de fondo sobre ritmo del crecimiento económico y las presiones inflacionarias que ellos viven día a día en sus empresas. Al mismo tiempo, nuestro equipo de investigación económica sondea rutinariamente a una amplia base de empresas dentro de nuestro distrito y reporta los resultados en lo que se denomina el "Beige Book", cuya edición mas reciente fue precisamente publicada este miércoles. En últimas fechas he puesto especial énfasis en la manera en la que los recientes sucesos en los mercados financieros están impactando sus ingresos y costos, la dinámica entre proveedores y clientes, la composición de la producción y las proyecciones de crecimiento. Con sólo un avance parcial en estas conversaciones para la reunión del 18 de septiembre, y aún no he llegado a ninguna conclusión. Sin embargo, es justo decir que me siento bien por lo que he escuchado hasta el momento, que dista mucho de la constante especulación negativa y las notas de desacuerdos ocasionales tales como las cifras de empleo de la semana pasada. Nuestra economía parece estar sorteando la tormenta. El rumbo futuro de dicha tormenta y el curso apropiado de la política monetaria, sin embargo, están aun por verse.

En un reciente retiro anual para banqueros centrales y economistas en Jackson Hole, Ned Gramlich, antiguo gobernador de la Reserva Federal, hombre muy reverenciado y de gran conocimiento en la materia que lamentablemente sucumbió a una leucemia imbatible este miércoles, nos recordaba en un discurso escrito por él que el progreso de América ha estado salpicado de periodos de auge y caída. El siglo XIX vivió periodos de auge derivados del canal, el ferrocarril y los minerales. En el siglo XX hubo auge en términos de innovación financiera y tecnológica. Pero cada periodo de prosperidad dio lugar a recesiones o caídas posteriores, cuando los precios no pudieron mantenerse. "Cuando el polvo se asienta", escribió Gramlich, "hay una masacre financiera, muchos inversionistas aprendiendo a ser más cuidadosos la próxima vez, pero también están ahí los frutos de la bonanza para beneficiar la productividad. Los canales y los ferrocarriles todavía están ahí, y funcionan; los minerales se han descubierto y están en uso; las innovaciones financieras quedan, y todavía tenemos la Internet y todas sus posibilidades." Los frutos de la bonanza del mercado subprime, nos recordaba, son los millones de deudores de bajos ingresos y de las minorías que ahora viven en un hogar propio, y que están pagando sus préstamos y consolidando un capital para el futuro.

Procuren tener esto en cuenta mientras el mercado de la vivienda vuelve a la normalidad, mientras los nuevos instrumentos financieros creados por la bonanza de vivienda y la tecnología financiera turbo cargada continúan buscando niveles de precios más racionales —niveles que serán determinados no por modelos de valoración artificiales ni por frenesíes insostenibles de retornos, sino por la disciplina del mercado para equilibrar la oferta y la demanda. Un gran numero de familias para quienes de otra manera habría sido imposible, pudieron cosechar el mas preciado fruto del sueno americano —una casa de su propiedad— y todo gracias al "housing boom".

Pero, que hay de la recesión o caída que sigue a todo periodo de auge? A esa parte de la ecuación Gramlich la denomina "carnicería financiera." Durante 10 anos manejé un fondo de cobertura de riesgo (hedge fund) antes de vender mi parte en 1997 y abandonar una carrera que había iniciado en 1975. Sé, por experiencia, que los mercados son maníaco-depresivos, cambian de humor muy fácilmente. Se disparan exageradamente en periodos de entusiasmo, y se hunden de más cuando las aguas comienzan a retomar su curso real. Pero inevitablemente hay correcciones. Cuando estas ocurren, siempre hay gritos de angustia —y muchas sugerencias de cómo conducir la política monetaria— de parte de operadores financieros que sobre explotaron el tiempo de auge, dejando que la avaricia suprimiera su juicio. La recompensa se mide con el riesgo, y el riesgo es un arma de dos filos. Considero que el trabajo de la Reserva Federal no es proteger contra el fracaso a determinados individuos que tomaron riesgos a la ligera, sin tomar las debidas precauciones. Nuestra labor es proteger al sistema financiero mismo. Mis colegas y yo asumimos esa responsabilidad muy seriamente.

La gente siempre pregunta qué me guía cuando asisto a una reunión del Comité federal de operaciones de mercado abierto. El FOMC es un foro cerrado en el que se delibera a cerca de las condiciones económicas y a final de cuentas, la política monetaria es un asunto de juicio. Es un asunto muy serio y complejo. Para llenar las expectativas que se tiene de nuestro desempeño, tenemos que tomar decisiones y emitir juicios bien razonados, y no reaccionar solamente al último dato o el ubicuo "análisis instantáneo" del Internet, los periódicos o noticieros, que extraen comentarios como agua de un hidrante. "Análisis instantáneo" una contradicción en si mismo, y es raramente fuente de deliberación seria.

Lo que me guía es simple. Uno de mis cuatro hijos se encuentra aquí el día de hoy, mi hijo Miles. Siempre que voy a una reunión del FOMC, tengo presente que la trascripción de la totalidad de nuestras deliberaciones será del dominio público en cinco años. Pienso acerca de lo que Miles, su hermano y sus hermanas pensarán cuando lean las palabras de su padre en un contexto histórico, alejadas de lo que la prensa y los mercados puedan haber estado clamando al momento de la reunión. Me guía, primero y ante todo, un deseo de que mis hijos se sientan orgullosos de su padre; un deseo de que tanto ellos, como los historiadores de la economía, me juzguen por haber sido un hombre prudente, pero firme a la vez. Hago a un lado las pasiones del momento y la sabiduría convencional de los mercados, y me mantengo centrado en la misión del Fed: Conducir una política monetaria tal, que logre un crecimiento no inflacionario a largo plazo para esta gran máquina capitalista que son los Estados Unidos de América. Manejar la política monetaria no es un concurso de popularidad.

Todo esto es una forma extendida de decir que, en mi humilde opinión, las herramientas estándar de la política monetaria no parecen ser, por sí solas, la respuesta a la actual situación generada por la caída del mercado subprime. La mejor estrategia, como Ned Gramlich recordó a quienes estuvimos en Jackson Hole la semana pasada, no es estrangular la innovación financiera, sino cosechar sus beneficios al tiempo que se minimizan las amenazas futuras a la economía. Según Gramlich, más de la mitad de los préstamos hipotecarios subprime de los últimos años fueron hechos por prestamistas independientes que no estaban sujetos a la supervisión federal. En contraste, prácticamente todos los préstamos del mercado prime son hechos por bancos, instituciones de ahorro y crédito, o sus afiliados, supervisados federalmente. "En el mercado prime, donde necesitamos menos supervisión, tenemos abundancia de ella" escribió, mientras "en el mercado subprime, donde más se necesita, la mayoría de préstamos se hacen con muy poca supervisión".

Mi apreciación es que una gran parte del desajuste potencial como consecuencia de reacciones correctivas al auge subprime, podría ser resuelto, más que por acciones de política monetaria, por iniciativas en materia de regulación. Es importante, sin embargo, recordar que las reformas en materia de regulación con como una vacuna —mejor prevenir que curar. Gran parte de la cura de esta enfermedad la proveen los mismos mercados financieros, y sospecho que estos serán implacables en su tratamiento a aquellos que incurrieron en un desmesurado riesgo financiero. Hay poco que la regulación pueda o deba hacer para detener que el tratamiento siga su curso.

Cualquier regulación estructurada para prevenir futuras recurrencias debe ser bien pensada por dos razones fundamentales. Primero, las instituciones financieras se adaptarían rápidamente y buscarían bloquear una reforma mal estructurada, mutando en nuevo virus resistente al tratamiento. Segundo, las regulaciones demasiado estrictas son, a veces, peor que la enfermedad que tratan de curar. Yo tomaría mis precauciones en cuanto a adoptar ciertas iniciativas regulatorias que pudieran interferir con la disciplina en los mercados o de ciertos intentos de proteger a determinados agentes económicos dispuestos a asumir riesgos, de las consecuencias de malas decisiones, por miedo a crear un daño moral que podría poner en peligro la salud de nuestro sistema financiero en aras de una cura momentánea.

Dicho esto, quiero cambiar el enfoque de mis comentarios de hoy, y centrarme en la relación económica entre los Estados Unidos y México.

La Economía Mexicana

Aquí, en la frontera entre Texas y México, uno se acostumbra a fijarse tanto en México como en los Estados Unidos. Yo también lo hago, en gran parte debido a mi historia personal. Este país dio refugio a mis padres inmigrantes entre 1939 y 1947, mientras esperaban convertirse en ciudadanos de los Estados Unidos. Dos anos después de mi nacimiento en Los Ángeles, fuimos a vivir a la ciudad de México. Ahí cursé la escuela primaria y comencé a desarrollar un amor especial por todo lo mexicano. Haciendo a un lado el apego sentimental de mi niñez, mi perspectiva económica sobre México se formó en parte por los cuatro años que serví como representante comercial delegado de los Estados Unidos en la administración Clinton, negociando con México la implementación del Tratado de Libre Comercio (NAFTA, por sus siglas en inglés). Aunque, la coordinación oficial de temas de infraestructura, regulaciones y otras políticas necesarias para maximizar los beneficios del libre comercio se hacía entonces entre Washington y el gobierno en el Distrito Federal, nunca olvidé que las ciudades y los pueblos a lo largo de la frontera, desde la desembocadura del Río Grande hasta las playas de San Diego, eran, y siguen siendo, el punto de partida para la integración económica de México y los Estados Unidos.

En términos económicos, me gusta decir que México y los Estados Unidos están unidos por la cadera. Tres quintas partes de las importaciones de México, la mayoría de las cuales son bienes manufacturados, provienen de los Estados Unidos, y dos tercios de toda la inversión extranjera directa en México vienen de inversionistas estadounidenses. Más del 90 por ciento de las exportaciones de México están destinadas a los Estados Unidos. Los trabajadores mexicanos proporcionan una parte significativa del músculo económico que hace tan poderosa la economía estadounidense, y México es una parte crucial de la base industrial que alimenta las líneas de suministro de las empresas de Estados Unidos. Por tanto, es vitalmente importante para el Dallas Fed mantener un ojo avizor sobre los acontecimientos económicos de su vecino del sur.

¿Qué estamos viendo al otro lado de la frontera?
A pesar de que existe una demanda interna saludable, bien soportada por mejores condiciones crediticias, es evidente que la economía mexicana experimenta un crecimiento menos vigoroso este año, en gran parte debido a una desaceleración de la manufactura estadounidense y a un lánguido primer trimestre. Aunque el crecimiento del PIB de México mostró un repunte durante el segundo trimestre, y se espera que lo que queda de este año traiga mayor crecimiento generalizado, la reducción del ritmo en la manufactura estadounidense, los efectos de la situación de los mercados crediticios u otros factores como menor inversión extranjera directa y reducciones adicionales de las remesas, podrían afectar los pronósticos más optimistas para la economía mexicana en lo que resta del 2007.

La situación en materia de precios podría también tener un impacto negativo en los prospectos económicos del país. En meses recientes, la inflación de precios al consumidor ha permanecido ligeramente por encima de la banda establecida por el Banco de México debido a un alza generalizada de precios en bienes y alimentos. Analizada en contexto, sin embargo, la inflación mexicana ha alcanzado niveles históricamente bajos en años recientes, algo que continúa beneficiando a trabajadores y consumidores. La inflación es un impuesto oneroso y un desincentivo para trabajar, ahorrar e invertir. En una economía afectada por la plaga de un constante aumento de precios, un dólar ahorrado termina perdiendo valor con el tiempo. Lo mismo si se trata de pesos. Por fortuna, la economía mexicana continúa beneficiándose del excelente liderazgo de Guillermo Ortiz en el Banco de México. Desde abril, el banco central se ha mantenido firme, anticipando una paulatina baja de las tendencias inflacionarias. Esto a pesar de que los precios observaron un importante incremento en julio, y las expectativas de inflación entre los agentes económicos y financieros podrían considerarse relativamente altas.

Los obstáculos en el corto plazo no son, sin embargo, la principal preocupación de México. Es mucho más preocupante el hecho de que el crecimiento a largo plazo siga obstaculizado por impedimentos estructurales persistentes. En su papel de entidad independiente, garantizado por la constitución, el Banco de México ha jugado un rol fundamental al atenuar los impulsos inflacionarios y las devaluaciones, liberando con esto al gobierno del presidente Calderón y al Congreso mexicano para que finalmente traten estos asuntos apremiantes.

La inversión en educación está comenzando a rendir frutos, pero la instrucción todavía es inadecuada en muchas partes del país. Los derechos sobre la propiedad no están tan protegidos como debieran, creando dificultades en términos de préstamos e inversiones. El creciente sector informal, que emplea a más de 20 millones de personas —desde mano de obra no calificada hasta empresarios desalentados por las onerosas regulaciones e impuestos del sector formal— crea un nivel de ineficiencia significativa. La tendencia generalizada a la evasión fiscal limita la capacidad de México de generar ingresos, restringiendo, en consecuencia, la inversión en educación e infraestructura que tanto necesita el país. En el sector energético, la producción y la distribución están todavía bajo el control del gobierno y, dados los limitados recursos fiscales de México, la capacidad futura de producción de petróleo es motivo de preocupación.

Los obstáculos que acabo de enumerar están bien documentados y las autoridades mexicanas los entienden bien. No es necesario que abunde en ellos. Lo que es importante, es enfatizar el progreso tremendo que ha hecho el país en las dos últimas décadas en varias áreas clave. México acogió el libre comercio a mediados de los ochentas; en los noventas fortaleció sus raíces económicas con los vecinos de norte y puso sus asuntos fiscales y monetarios en orden. Desde entonces, la transformación ha sido notable. México se ha convertido en una economía abierta, con una resolución clara a la disciplina política y a la estabilidad macroeconómica. Los días en que la algarabía del año electoral ponía de rodillas a la economía mexicana, han quedado felizmente en la historia.

Otro desarrollo interesante está en los mercados financieros mexicanos. La tan duramente ganada estabilidad macroeconómica ha traído un portentoso cambio al otrora reticente sector de servicios financieros, dando origen a una industria dinámica que, después de un comienzo lento, ofrece ahora un menú completo de servicios bancarios y de inversión y una capacidad crediticia en aumento. Recientemente hemos escuchado que bancos mexicanos y españoles están incluso comprando bancos en Texas y en otros estados fronterizos de los Estados Unidos a fin de atender a la extensa y creciente demanda de cuentas denominadas en dólares y otros servicios especializados de parte de la población mexicana que vive en ambos lados de la frontera.

La siguiente frontera para México es la puesta en marcha de reformas estructurales. No es un proceso fácil, de hecho el país se encuentra enfrascado en un debate en cuanto al alcance e implementación de dichas reformas. Pero por duro que sea el camino, es evidente la necesidad de redoblar esfuerzos para implementar las reformas que se requieren.

México y Texas

Hace unos momentos utilicé la imagen de Estados Unidos y México unidos por la cadera. De ser así, Texas es el hueso conector. La economía de la frontera es única. La combinación de maquiladoras, agricultura, comercio transfronterizo y la fuerza laboral binacional de la región, ha permitido que el Valle del Río Grande, Laredo y El Paso disfruten crecimiento firme, aún durante desaceleraciones en otras partes de los Estados Unidos y México. Las ciudades fronterizas de Texas tienen un pie en México y un pie en los Estados Unidos, y su crecimiento está ligado a las condiciones económicas en ambos lados. Los estrechos lazos con México han hecho posible que Brownsville, McAllen y Laredo se ubiquen entre las áreas de más rápido crecimiento del país desde 1990 en términos de población y empleos. Pero si bien es cierto que las tasas de desempleo de la frontera se encuentran hoy día en niveles históricamente bajos, una fuerza laboral numerosa, creciente, y con un bajo nivel educativo ha contribuido a mantener los salarios en la frontera por debajo del promedio nacional. Con todo, hay señales de mejoría. Desde el 2000, el crecimiento promedio de los salarios en la frontera ha sobrepasado al de Texas y de los Estados Unidos. Y en 2006, la media de los sueldos por hora subió más rápido en el Valle del Río Grande que en el estado o en la nación.

La infraestructura maquiladora y la industria de transporte —ambas relacionadas con el intercambio comercial— han significado un motor de crecimiento económico en ambos lados de la frontera. La industria manufacturera de exportación del lado mexicano se ha beneficiado largamente de un flujo constante de trabajadores migratorios del sur de México, y de la disponibilidad de proveedores de componentes y materiales del lado estadounidense. Mientras el énfasis es todavía industrial del lado mexicano, los Estados Unidos se enfocan más en una economía de servicios; aquí en el sur de Texas, el comercio minorista y los servicios de salud son dos sectores altamente dinámicos que constituyen una fuente importante de empleo. ¿Por qué? Más oportunidades de empleo, acompañadas por un peso fuerte han contribuido a mejorar el poder adquisitivo del consumidor mexicano. La proximidad con Monterrey, la segunda ciudad más rica de México, así como de otras muchas ciudades que albergan algunas de las más prósperas maquiladoras a lo largo de la frontera, también ha fomentado un aumento de los viajes de compras a Texas. Esto no es noticia para ninguno de los aquí presentes. Entre 1978 y 2001, los nacionales mexicanos fueron responsables de aproximadamente el 53 por ciento de las ventas minoristas de Laredo.

Una economía creciente a lo largo de la frontera ha sido responsable de la explosión de la industria de servicios de salud local en los últimos 10 años. Igual que sucede con el comercio minorista y la banca, los nacionales mexicanos y la creciente población de jubilados estadounidenses en México están demandando servicios de salud. Los hospitales y las agencias de servicios de salud se están expandiendo a tasas aceleradas y, junto con el sector educación y el gobierno federal en materia de patrullaje de fronteras y aduanas, generando fuentes de empleo altamente remunerado a los residentes de la frontera.

Aunque casi todas las ciudades fronterizas de Texas tienen profundos lazos con México, sus vínculos pueden ser de índole diversa, y sus economías pueden responder de manera disímil a las condiciones cambiantes en México. Nuestras investigaciones han encontrado que típicamente, los descensos marcados en el valor del peso resultan en un detrimento económico en Laredo, McAllen y Brownsville. Cada una de estas ciudades tiene sectores de comercio minorista que dependen en gran medida de los compradores mexicanos de forma tal, que variaciones en el valor del peso pueden llegar a tener un gran impacto en sus respectivas economías. La existencia de un peso fuerte y estable —en gran medida gracias a la reforma constitucional de 1994 que le dio al Banco de México la independencia que ha aplicado tan hábilmente en los años recientes— es una pieza importante del rompecabezas que explica el crecimiento vigoroso en Laredo y en el Valle.

El panorama continúa siendo favorable para el crecimiento de la población y el empleo en la frontera, tanto en Texas como en los estados al occidente nuestro. Sin embargo, el verdadero progreso requerirá de una mayor productividad y de mejores salarios. La más importante fuente de crecimiento del ingreso y de la prosperidad tiene su origen en la capacidad humana y en la educación, que debería ser la prioridad numero uno de esta comunidad. Y debería ser también la más alta prioridad de este estado.

Educación e Inmigración

En el mundo de hoy la educación es fundamental, y para lograr el sueño americano debemos mantenernos en un constante aprendizaje. A nuestro economista en jefe en el Dallas Fed, Mike Cox, le gusta decir "ganas lo que aprendes". La economía de los Estados Unidos es hoy muy distinta de la que les dio empleo a nuestros padres y abuelos en los campos y en las fábricas. La agricultura representa el 2 por ciento de nuestra economía nacional. La manufactura emplea solamente el 11 por ciento de nuestra fuerza laboral. La construcción y la minería representan el 5 por ciento. Ochenta y dos por ciento de los trabajadores estadounidenses están empleados en servicios, un sector en expansión que incluye algunos de los empleos más prestigiosos y mejor remunerados en la nación.

Mi amigo Stanley Fischer, gobernador del Banco de Israel, alguna vez apuntó que "hay tres tipos de economistas: aquellos que pueden contar, y aquellos que no pueden." De cualquier forma, todos los economistas coinciden en esto: la educación paga. Hay un vínculo positivo e irrefutable entre la educación y el ingreso. Los salarios son bajos en la frontera porque los niveles educativos son bajos. Vemos este vínculo a través de estados, países, entre individuos y en el progreso de Estados Unidos a lo largo de la historia.

El gasto en educación es una inversión en nuestros hijos. Pero eso toma tiempo, y nosotros en Texas y en los Estados Unidos hemos aportado de otra forma a nuestro capital intelectual. Importamos trabajadores con altos niveles educativos de otros países, y hacemos lo que podemos para retener estudiantes extranjeros que vienen a estudiar aquí. Esto es bien sabido a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos y México. A través de su historia, la región se ha beneficiado del capital humano de los estados fronterizos del norte de México, que cuentan con algunas de las mejores universidades de México.

Permítanme darles un ejemplo del principio "ganas lo que aprendes", surgido durante la junta directiva de nuestra oficina en San Antonio. Para hacerlo, voy a permitirme nombrar al Dr. G. P. Singh aquí presente, un verdadero ejemplo de éxito americano que combina la formación académica con la visión empresarial. De niño en su India nativa, G.P. estudió diligentemente, y logró ser aceptado en la Escuela de Ingeniería de Punjab. Como muchos extranjeros, continuó su educación en los Estados Unidos, y obtuvo un doctorado en la universidad de Drexel. Con el tiempo, el Dr. Singh vino a San Antonio y fundó su propio negocio de ingeniería —Karta Technologies— una compañía que acaba de vender por la nada despreciable cantidad de 65 millones de dólares.

El Dr. Singh es un ejemplo perfecto de cómo las compañías creadas por inmigrantes están ampliando el progreso tecnológico de la economía de los Estados Unidos. Según un estudio reciente llevado a cabo por investigadores en la universidad de Duke y en la universidad de California en Berkeley, en el 24 por ciento de todas las solicitudes de patentes presentadas en 2006, aparecían inmigrantes como inventores o inventores conjuntos, en comparación con sólo el 7 por ciento en 1998. De todas las compañías de ciencia y tecnología establecidas en los Estados Unidos entre 1995 y 2005, el 25 por ciento tenía por lo menos un fundador nacido en el extranjero.

Aún más importante, G.P. es un caso de estudio de cómo convertir el aprendizaje en beneficio económico. Debemos lograr las condiciones que hagan que un niño en Laredo —o en cualquier otra ciudad de Texas, los Estados Unidos, la Ciudad de México, Nuevo Laredo o del Punjab en la lejana India— tenga éxito económico en esta tierra prometida llamada Estados Unidos. Con una fuerza laboral de buen nivel educativo, ninguna corrección de los mercados, ninguna interrupción del funcionamiento normal de los mercados financieros, ningún pronóstico apócrifo del "análisis instantáneo" ni de los insípidos economistas podrá hacer que dejemos de ser la mas poderosa maquina económica del mundo.

Con eso terminaré el sermón de hoy. Y ahora, manteniendo la tradición de la Reserva Federal, estaré encantado de no contestar ninguna pregunta que ustedes puedan tener.

Andemos, pues. Gracias.

Sobre el autor

Richard W. Fisher es el presidente y CEO del Banco de la reserva federal de Dallas.

 

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