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Informe anual 2003

Del Director Ejecutivo

Reformas de Libre Mercado en América Latina: Tiempo de hacer una pausa y pensar por un segundo

Se suponía que el nivel de vida de América latina habría alcanzado para esta época el de los países desarrollados. Ésa, al menos, fue la promesa tras las ambiciosas reformas económicas que muchos países de la región introdujeron durante las últimas dos décadas—más o menos siguiendo los lineamientos del denominado “consenso de Washington”. [1]

El incumplimiento de dichas promesas ha iniciado una ola de insatisfacción con las reformas de libre mercado, comenzando con Venezuela en 1999 y siguiendo con Argentina en el período 2001–2002. Desde entonces, varios países de la región han elegido gobiernos—o están por hacerlo—que han prometido revertir las “políticas neoliberales” del consenso de Washington llevadas a cabo durante los últimos 20 años. El rótulo de “neoliberal” frecuentemente utilizado en América latina para ridiculizar las reformas de libre mercado las identifica erróneamente con el otorgamiento de derechos de monopolio a intereses creados, cuando el postulado de las reformas de libre mercado es precisamente el opuesto. Se supone que los mercados libres, es decir, abiertos a la competencia, justamente liberan a las sociedades no solamente de los monopolios gubernamentales sino también de sus contrapartidas en el sector privado.

Cualesquiera que fuesen las motivaciones subyacentes, la reacción contra las reformas de libre mercado no puede desestimarse fácilmente como parte de la idiosincrasia latinoamericana. Los votantes de la India acaban de rechazar al BJP (Bharatiya Janata Party)—que implementó durante su mandato ambiciosas reformas de mercado—y restauró en el poder al Partido Congresista, cuyas proclamas electorales anti-liberales cautivaron a los cuatro quintos de la población que aún vive en lo que ciertos analistas denominan la “economía a carreta de bueyes”.

La vastedad del área geográfica que cubre esta reacción adversa, que abarca a Argentina, Venezuela, India y lugares intermedios, sugiere que algo no funcionó con muchas reformas de libre mercado. Y que es ahí donde los economistas podrían intervenir con su análisis si tan solo se detuvieran a pensar por un segundo—“un segundo teorema” para ser más preciso. Ciertamente, los economistas han producido dos importantes teoremas que sugieren razones valederas detrás de críticas a las reformas de libre mercado no desprovistas de motivaciones ideológicas : el Teorema del Segundo Mejor y el Segundo Teorema del Bienestar.

El Teorema del Segundo Mejor establece que las reformas deben ser globales antes que parciales, porque de lo contrario el resultado podría ser peor que no haber hecho ninguna reforma. Bien intencionados responsables de políticas públicas, por ejemplo, implementaron aperturas al comercio exterior sin las correspondientes reformas laborales. El problema con ese enfoque parcial a las reformas es que si una legislación laboral rígida impide la reubicación de los trabajadores de industrias ineficientes eliminadas por el libre comercio a otras que éste estimule, se podrían destruir más trabajos que los que son creados. El desempleo resultante generará naturalmente descontento entre la población.

El Segundo Teorema del Bienestar establece que las reformas de libre mercado mejoran el nivel de vida de todos, siempre y cuando los perdedores sean compensados con transferencias no distorsivas por los ganadores. La poca popularidad de las reformas de libre mercado en muchos países sugiere que aún cuando la sociedad está mejor en general, grandes fracciones de la población han sido perjudicadas o al menos excluídas de los beneficios de esas reformas.

No hay duda de que la reacción adversa contra las reformas de libre mercado y la globalización es la resultante, en parte, de un serio malentendido explotado por los eternos descontentos. Pero también podría ser una indicación de que las advertencias de los “segundos teoremas” han sido desestimadas en la implementación de dichas reformas.

En términos prácticos, queda mucho por descubrir en cuanto a cuáles liberalizaciones son cruciales y cuáles no. Incluso en las naciones industriales no está claro qué regulaciones y rigideces laborales tienen efectos severos en la economía y cuáles tienen un efecto sólo marginal. Esta observación es importante, porque si los responsables de políticas económicas deben seleccionar sus batallas, es urgente que aprendan cuáles son las que vale la pena afrontar.

Pero arribar a ese juicio no será fácil en el estado actual de la ciencia económica, cuyas recomendaciones de reformas han surgido en gran medida de modelos que asumen el “hogar representativo” paradigmático—es decir, que todos los hogares y agentes económicos son iguales . Este atajo analítico ha probado ser valioso para muchas investigaciones, pero es inadecuado para identificar potenciales ganadores y perdedores de programas de liberalización alternativos. Tal identificación requerirá de una nueva generación de modelos cuantitativamente implementables que tengan en cuenta las diferencias entre los agentes económicos—un problema técnico de una complejidad varios órdenes de magnitud mayor que la de los que los economistas hemos resuelto hasta ahora. [2]

El poder de cálculo de las computadoras de hoy en día nos permite afrontar algunas de las dificultades técnicas asociadas a modelos de agentes heterogéneos, pero todavía tenemos que proporcionar los datos que esos modelos deben examinar. Por ejemplo, identificar a los ganadores y perdedores de una liberalización comercial en particular requeriría seguirle el rastro a los trabajadores desplazados de su antigua ocupación para determinar si fueron absorbidos por los sectores dinámicos y bajo qué condiciones. Esta tarea requiere datos a nivel de detalle que no son fáciles de encontrar aún en países con las mejores estadísticas.

Una vez sorteadas esas barreras tecnológicas y estadísticas, todavía queda pendiente resolver la cuestión conceptual de cómo implementar las transferencias de los ganadores a los perdedores sugeridas por el Segundo Teorema del Bienestar—una tarea nada sencilla, dado que los fondos requeridos a esos efectos deben provenir, en teoría, de impuestos no distorsivos, tales como, por ejemplo, un impuesto de suma fija a cada habitante. Desafortunadamente, ese tipo de impuestos son políticamente problemáticos (recuérdese la revuelta popular que desató en su momento el intento de la Primer Ministro del Reino Unido, Margaret Thatcher, de imponer un tributo de suma fija por habitante en los años ochenta). Las autoridades fiscales típicamente sólo tienen a su disposición instrumentos tributarios distorsivos, y lamentablemente, utilizar impuestos distorsivos para efectuar las transferencias de ganadores a perdedores podría deshacer los beneficios de las reformas. En cualquier caso, raramente existen en América Latina programas sistemáticos de reentrenamiento como los que existen en EE. UU. para ayudar a los trabajadores desplazados por aperturas comerciales a reinsertarse en el mercado laboral.

Los desafíos que aguardan en el futuro han sido elocuentemente resumidos por Manmohan Singh, recientemente designado primer ministro de la India por el victorioso—y hasta hace no poco tiempo opositor –Partido del Congreso. “Nadie hoy en día está en contra de introducir reformas. La cuestión es ¿cómo implementamos las reformas para que no sean vistas como un ejercicio meramente elitista?”

Los “segundos” teoremas podrían tener la respuesta a esa pregunta—si la profesión hace una pausa lo suficientemente larga para pensar qué significa el éxito o el fracaso de las reformas de libre mercado. Comprender lo que salió mal con las reformas de libre mercado anteriores y qué puede salir mal con las futuras—y diseñar medidas correctivas y preventivas—puede llevar décadas de esfuerzo continuo y frustrante dentro de una ambiciosa agenda de investigación en las mismas fronteras del conocimiento.

En ese sentido, es alentador comprobar que un número creciente de conferencias y artículos en revistas especializadas están poniendo más atención sobre esos temas de consecuencias tan importantes para el bienestar de todos los habitantes de este planeta [3]. Confiamos en que el Centro para Estudios Económicos Latinoamericanos—con su énfasis en temas investigación de relevancia para el diseño de políticas económicas y en la promoción del diálogo entre académicos y los responsables de implementar las políticas que aquellos recomiendan—podrá ofrecer en los años venideros su aporte a ese importante esfuerzo.

— 

Carlos E. J. M. Zarazaga
Director Ejecutivo
Centro para Estudios Económicos Latinoamericanos


Notas

  1. Esta expresión fue acuñada por primera vez por John Williamson en su recuento de una conferencia sobre las reformas de libre mercado organizada por el Instituto de Economía Internacional en Washington DC, en 1990.
  2. El premio Nobel de Economía 1995, Robert Lucas Jr., enfatizó en su discurso presidencial del 2003 a la Asociación de Economistas Americanos (American Economic Association) la importancia de modelos de agentes heterogéneos para estudiar los ciclos económicos.
  3. Evidencia de estos esfuerzos recientes se puede encontrar en la conferencia del FMI de 2002 sobre Políticas Macroeconómicas y Reducción de la Pobreza. Por ejemplo, el ensayo “Evaluación de la liberalización financiera: un modelo de equilibrio general con elección de ocupación restringida” de Xavier Giné y Robert M. Townsend, presentado en esa conferencia, identifica ganadores y perdedores de los programas de liberalización implementados en Tailandia en el período 1976-96. (Éstas y otras publicaciones relacionadas a esa conferencia fueron publicadas en la edición Agosto 2004 del Journal of Development Economics.)
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