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Print-Friendly VersionInforme anual 2003

Investigación y análisis breve

El personal del CLAE, académicos visitantes y sus coautores condujeron una investigación sobre temas relacionados a las crisis financieras y depresiones, sistema bancario, comercio, inmigración indocumentada y medición económica. La tarea incluyó los ensayos de investigación del CLAE y del Departamento de Investigación, artículos presentados para su publicación en libros y revistas, y artículos en la publicación Southwest Economy del Dallas Fed.

Crisis financieras y depresiones
Las causas y consecuencias de las crisis financieras han sido un importante tema de investigación por mucho tiempo en el Centro para estudios económicos latinoamericanos. Las consecuencias de las crisis en la productividad constituyen una de las líneas directas de la investigación reciente. En “Crisis financiera y factor total de productividad” Erwan Quintin y Felipe Meza hacen notar que el factor total de productividad medido cae marcadamente en las naciones emergentes durante las crisis financieras. Hasta ahora, la mecánica que reduce la productividad en esos momentos ha sido un rompecabezas. Una explicación posible es que la utilización de capital cae durante las crisis financieras. En este paradigma, la utilización de capital cae porque las tasas de interés (el costo de oportunidad del capital) se mueven marcadamente sobre la tendencia al mismo tiempo que el FTP cae por debajo de la tendencia. En una prueba de esta hipótesis para el Efecto Tequila de México entre 1994–95, la utilización de capital, de hecho, resulta haber caído notablemente en México en 1995.

En modelos con capitales homogéneos esta reducción da cuenta de casi un tercio de la caída de México en el FTP medido. Sin embargo, los autores muestran que los modelos que caracterizan todo el capital como lo mismo predicen, contrariamente a los hechos, un alto consumo de la energía en México. La aplicación de una medida con capital heterogéneo predice un consumo de energía más acertado, pero corta por el medio la importancia cuantitativa de la utilización de capital. La razón resulta ser que el capital improductivo se deja ocioso, con más recursos dirigidos al capital físico más productivo. Teniendo esto en cuenta, la utilización de capital parece dar cuenta del 15 por ciento de la caída del FTP medido en México durante el Efecto Tequila. Aún más, la utilización de capital da cuenta solamente de una fracción ínfima de los movimientos medidos del FTP en cuatrimestres de no crisis.

En “La década perdida de Argentina y su recuperación subsiguiente: éxitos y pérdidas del modelo de crecimiento neoclásico”, Finn E. Kydland y Carlos E. J. M. Zarazaga examinan la crisis diferida de Argentina en los ochenta, la depresión y la recuperación posterior desde la perspectiva del crecimiento. Utilizan el término depresión cuidadosamente. A finales de la “década perdida” de los ochenta, el PBI per capita—contra la tendencia—de Argentina había caído un 30 por ciento por debajo del de 10 años atrás. Los autores realizan un ejercicio de cómputo de crecimiento para identificar las fuentes del declive y posterior crecimiento. Una caída dramática en el FTP durante los años ochenta fue seguida de una fuerte recuperación en el período 1990-97. La producción per capita no sólo creció en contraste con los declives de los ochenta sino que además creció 2,5 veces tan rápido como el promedio de 1951–79. Los autores realizan pruebas para ver si la teoría neoclásica de crecimiento estándar puede explicar la “década perdida” de los ochenta y su recuperación en los noventa. El resultado sugiere que la teoría neoclásica del crecimiento puede rastrear la depresión económica de Argentina de los años ochenta bastante de cerca. Los descubrimientos rechazan la hipótesis de que las depresiones económicas involucran un quiebre en el comportamiento económico racional o en la forma en que los agentes económicos crean expectativas sobre el futuro.

Las dos grandes pérdidas del modelo de crecimiento neoclásico son instructivas. Primero, el experimento predijo que el insumo de trabajo debería haber caído alrededor de un 10 por ciento durante la década perdida, mientras que los datos lo midieron con un incremento del 3 por ciento. A menudo se dice que el empleo en los gobiernos provinciales y las empresas del Estado en Argentina eran una forma encubierta de seguro de desempleo. La información de algunas fuentes no oficiales sugiere que el empleo en el gobierno nacional y provincial puede haber representado entre un 10 y un 13 por ciento del total de los trabajadores durante el período en análisis—pero esta cifra ignora el empleo, en un alto porcentaje, en empresas del estado durante ese período. Los autores definen como un punto superior al incremento del desempleo en Argentina entre finales de los noventa y 1995, cuando las empresas del sector público fueron privatizadas. Si este número correspondiese a la suma de trabajadores que perdieron su “desempleo oculto” entonces el total de trabajadores del sector público en la década perdida podría haberse aproximado a una cifra entre el 20 y el 25 por ciento del total del empleo. La suma de estos trabajadores desempleados durante los ochenta –sólo para luego ser despedidos durante las privatizaciones de los noventa- puede explicar por qué el empleo subió en lugar de bajar durante la década perdida.

El modelo pudo imitar la producción real y el vaivén en la acumulación de capital de los ochenta pero predijo mucho más crecimiento para los noventa que el que realmente ocurrió. Una explicación es la política del gobierno que directa o indirectamente penalizó la acumulación de capital. Una conjetura relacionada se basa en la posibilidad de limitaciones crediticias endógenas, en las cuales las restricciones al capital son más vinculantes durante las expansiones que durante las caídas. Los recuerdos de los inversores del default soberano de los ochenta podrían haber desalentado la inversión durante los noventa. Ciertamente, su reticencia a invertir hubiera sido validada en el 2001 cuando Argentina implementó la mayor confiscación de los depósitos bancarios en su historia y luego declaró un default masivo en su deuda soberana.

Bancos
En el transcurso de la última década en Latinoamérica y en todas partes, las respuestas anticipadas o reales del gobierno a las bajas abruptas de la calidad de los activos bancarios han sido crecientemente vistas como detonadores de los llamados “cortes repentinos” en el flujo de capital. Los resultados incluyen grandes depreciaciones en las tasas de cambio y sus consecuencias. Seguido a la devaluación, el cambio en los precios relativos de los bienes no transables (que caen) y transables a menudo compensa una segunda rueda de problemas bancarios si los bancos prestaron sobre la base de garantías no transables (como los bienes raíces).

Estos temas inspiraron investigaciones relacionadas en el Centro para estudios económicos latinoamericanos. En “Privatización, competencia y supercompetencia en el sistema bancario comercial mexicano”, William C. Gruben y Robert P. McComb evalúan los alegatos generalizados de que la liberalización financiera de México y las privatizaciones bancarias de principios de los noventa resultaron en marcadas reducciones en la competitividad bancaria. Descubrieron que los bancos no se volvían menos competitivos—de acuerdo con la creencia común- sino que iniciaban un comportamiento coherente con una batalla extrema de participación en el mercado. Comenzando por el medio del período de privatización y continuando al menos un año luego de que terminara, el banco promedio operó a un punto donde el costo marginal excedía el ingreso marginal. Tal acuerdo de pérdida de dinero sólo podía suceder en el corto plazo.

Los descubrimientos de Gruben y McComb para principios de los noventa son coherentes con lo que siguió- ya que salieron a la luz significativas bajas en la calidad de los activos bancarios . Cuando las tasas de interés en los EE.UU. se incrementaron por más de 300 puntos de base en 1994, los problemas de activos de los bancos comerciales hicieron que el Banco Central de México se mostrase reticente a ajustarse correspondientemente—por la preocupación de que tasas de interés más altas hiciesen que más préstamos fracasaran. Esta inconsistencia entre la política monetaria de EE.UU. y México bajo un régimen de cambio fijo con el dólar contribuyó a los cortes repentinos de capital en México en noviembre y diciembre de 1994 y a una subsiguiente mega devaluación.

Continuando con la búsqueda de las complicaciones asociadas con la liberalización bancaria y las privatizaciones, William C. Gruben, Jahyeong Koo y Robert R. Moore, en su ensayo “Liberalización financiera, disciplina de mercado y riesgo bancario”, evalúan las conexiones entre tales sucesos y los riesgos bancarios en presencia de la denominada “disciplina del depositante”. Si los banqueros anticipan que sus préstamos de riesgo serán castigados con la fuga de sus depositantes en sus bancos, es posible que se abstengan del préstamo riesgoso. Independientemente del país, la crisis bancaria no es un suceso común. Se requieren circunstancias especiales para detonar el préstamo de riesgo que lleve a eso. Un detonador puede ser la emergencia de nuevos mercados por los que los banqueros puedan competir. Las liberalizaciones bancarias y las privatizaciones pueden significar nuevas aperturas de mercado.

Los autores presentan asociaciones estadísticas entre las mediciones de la disciplina del depositante y del riesgo bancario que ocurrió durante los períodos de liberalización y privatización en seis economías. En algunas de estas economías, las garantías gubernamentales explícitas o implícitas para proteger a los depositantes y para rescatar a los bancos parece haber sido anticipada por los banqueros como la destitución de la disciplina del depositante. En estos países, los banqueros tendieron a tomar mayores riesgos post-liberalización que en los países donde la disciplina del depositante existía.

Comercio
La importancia del comercio entre el Decimoprimer Distrito de la Reserva Federal y Latinoamérica es uno de los factores que motivaron la formación original del Centro para estudios económicos latinoamericanos. “El rompecabezas apertura-inflación reconsiderado”, por William C. Gruben y Darryl McLeod, apunta a un debate continuo sobre la conexión entre el comercio internacional y la inflación. Los datos de investigación aplicada desde los años ochenta (Romer 1993) muestran un fuerte vínculo negativo entre la apertura comercial y la inflación. Algunos analistas ofrecen modelos para sugerir que la apertura comercial facilita la competencia de cambio, causando “dinero bueno” baja inflación o bien expulse al “dinero malo” de la alta inflación o realice una reforma del “dinero malo”. Otros sostienen que la apertura comercial disminuye la inflación mediante el incremento de la competencia.

Algunos trabajos con base empírica de la economista brasileña Cristina Terra (1998) postulan que una relación inversa entre la apertura y la inflación es peculiar de los años ochenta y, aún entonces, aplica solamente a los países altamente endeudados que confían ampliamente en el impuesto inflacionario. Cuando los propietarios de activos generan una crisis en la balanza de pagos nacional, cuanto menos abiertas sean las economías, más grande debe ser la devaluación para producir el excedente comercial que se requiere de repente. Las economías protegidas no comercian demasiado ni eficientemente. Lo que le sucede al valor de la moneda local del servicio de deuda en una devaluación afecta al déficit en el presupuesto gubernamental. Ante la ausencia de la reforma fiscal, el déficit incrementado refuerza una suba en la cantidad de impuesto inflacionario que el gobierno necesita recaudar. Debido a que la devaluación es mayor en las economías cerradas, dichas economías resultan con un mayor incremento en el valor de la deuda en términos de moneda local y, consecuentemente, mayor inflación.

Sosteniendo que la competencia de cambio es lo que explica la relación negativa y no el paradigma que Terra propone, Gruben y McLeod evalúan la relación durante los años noventa en una amplia muestra de países, incluyendo la mayoría de las naciones latinoamericanas. Descubren que la relación inversa entre la apertura comercial y la inflación se hace más fuerte en los años noventa, cuando la crisis de la deuda estaba mucho menos generalizada que en la década previa. También descubren que durante los años ochenta esta relación negativa fue más pronunciada en los países menos endeudados que en los países con más deuda, a los cuales el paradigma de Terra había circunscrito este fenómeno. Estos resultados apuntan no solamente a una relación inversa general entre la inflación y la apertura sino que además sugieren que el proceso continuo de globalización reforzará una menor inflación en la mayoría de los países, aún en aquellos que persiguieron una mayor inflación en los años ochenta. Este trabajo es coherente con sus trabajos previos sobre la apertura e inflación de las cuentas de capital.

En “El gigante en el espejo retrovisor de México”, Erwan Quintin analiza la preocupación generalizada respecto de la habilidad de México para competir internacionalmente con China, especialmente en los comienzos de la caída de la relación México-EE.UU. desde finales del 2000. Quintin demuestra que a pesar de las quejas sobre la competitividad de mano de obra de México, los costos de la misma no han subido más rápido que la productividad laboral y que México ha mostrado un fuerte compromiso con la política de disciplina fiscal y monetaria. Ciertamente, nota que las exportaciones chinas a los Estados Unidos no han resultado mucho mejor que las de México en la mayoría de los sectores. Aún así, observa, el alto costo de la electricidad y la incertidumbre fiscal que plaga el sector exportador han impedido la expansión mexicana. Fundamentalmente, México requerirá de reformas estructurales o competitivas en varios sectores para retornar a su trayectoria de finales de los años noventa.

William C. Gruben y Sherry L. Kiser, en “El Acuerdo Chileno alcanza al universo del libre comercio de EE.UU. por uno”, tratan otro tema — la obstinación proteccionista de los EE.UU aún en relación a los acuerdos comerciales con países latinoamericanos más pequeños. A pesar de que la poca población de Chile de 15 millones y su estatus de 43ª economía en el mundo parecieran convertirla en un candidato pobre para la atención proteccionista de EE.UU., la conclusión del tratado de libre comercio entre Chile-EE.UU. firmado en el 2003 no sólo involucró más esfuerzo que el NAFTA sino que temporalmente permitió un continuo proteccionismo en varias áreas. Los autores hacen notar que, tal como es común en los Estados Unidos, los mayores elementos de lo que queda de proteccionismo están en la agricultura. Mientras que muchos productos entraron duty-free (libres de impuestos) con la formalización del acuerdo, las exportaciones chilenas relacionadas a los lácteos permanecen bajo una cuota y el acuerdo también permite que los aranceles sobre algunas frutas chilenas persistan por 12 años luego de que el mismo tome efecto. El libre comercio en los vinos no tendrá lugar hasta el 2014. Mientras tanto, los intereses proteccionistas chilenos en el trigo y la remolacha estaban dichosos por su continuada protección contra productos más baratos de los EE.UU.

Inmigración
Las determinantes y los resultados de la inmigración desde México en particular y Latinoamérica en general son tema de investigación continua en el Centro para estudios económicos latinoamericanos. En ”El impacto de la inmigración ilegal y el cumplimiento de la ley en los índices de crimen en la frontera”, Roberto Coronado y Pía M. Orrenius investigan la conexión entre los índices de crimen en la frontera EE.UU.-México, la inmigración ilegal y la restricción de la inmigración desde principios de los noventa. Durante ese período, el crimen relacionado con la propiedad cayó alrededor de la frontera, pero los índices de crímenes violentos comenzaron a subir al nivel nacional. ¿Existe una relación causal, o un tercer factor influye en las estadísticas criminales? Los autores realizan una evaluación econométrica para descubrir que el volumen de inmigración ilegal está, de hecho, relacionado a cambios en los crímenes sobre la propiedad—luego de comparar otros factores determinantes incluyendo las fluctuaciones económicas en los niveles de aplicación de la ley. Algunas evaluaciones similares identifican una significativa correlación positiva entre las mediciones de inmigración ilegal y el crimen violento a pesar de un aumento en la aplicación de la ley de inmigración. Durante los años noventa, el índice general del crimen cayó en la frontera, pero la proporción de crímenes violentos entre los crímenes en general aumentó significativamente. Mientras que la aplicación de la ley de inmigración muestra un efecto inhibidor del crimen en los noventa, dicho efecto se erosionó en el transcurso de la década. Desde mediados de 1999, el impacto marginal sobre el crimen del incremento en las horas de vigilancia de la inmigración ha sido cero. Los autores conjeturan que la correlación entre la inmigración ilegal y los crímenes violentos está, de hecho, asociada con una tercer variable, la extensa actividad del contrabando—en particular, el comportamiento violento de traficantes de drogas cuyas operaciones parecen estar expandiéndose y cuyo comportamiento de cruce de frontera es ciertamente ilegal.

En “¿La inmigración afecta los salarios? Una mirada a la evidencia ocupacional” , Pía M. Orrenius y Medeline Zavodny descubren que un incremento en la fracción de trabajadores nacidos en el extranjero en el grupo de ocupación obrera tiende a bajar las remuneraciones de los nativos en dicha ocupación. Sin embargo, un incremento en la fracción de trabajadores nacidos en el extranjero en ocupaciones de alta calificación no baja las remuneraciones de los trabajadores nativos en la misma ocupación. Investigaciones adicionales de los datos obreros indican que son los inmigrantes quienes están ajustando su estatus de inmigración en los Estados Unidos pero no los recién llegados, quienes afectan negativamente las remuneraciones de los nativos poco calificados. Este descubrimiento sugiere que los inmigrantes se vuelven sustitutos de los nativos sólo luego de haber pasado mucho tiempo en los Estados Unidos.

El artículo de Mark G. Guzman, Joseph H. Haslag y Pia M. Orrenius “Un rol para la política de gobierno y manchas solares al explicar las fluctuaciones endógenas en la inmigración ilegal”, formaliza matemáticamente las explicaciones del por qué la inmigración ilegal puede variar sustancialmente aún habiendo una brecha constante entre las remuneraciones en EE.UU. y México. En este modelo, la volatilidad en el flujo de la migración deriva de dos fuentes: una tensión entre las transferencias del ingreso gubernamental que induce la migración y la aplicación de la ley que la desalienta y, separadamente, la existencia de una incertidumbre condicionante o efecto de mancha solar. Es decir, los autores examinan el impacto de (mancha solar) la incertidumbre en las políticas gubernamentales de transferencia de impuesto/ingreso sobre la migración en cuanto interactúan con los efectos de los traficantes y la policía fronteriza para determinar el nivel de inmigración.

Medición económica
La medición de los fenómenos económicos es un tema de mucha preocupación para los analistas del Centro para estudios económicos latinoamericanos puesto q ue los datos de los países de Latinoamérica están menos disponibles que los de las naciones industrializadas. En “Eligiendo entre índices de pobreza rivales: algunas pruebas para América Latina” , William C. Gruben y Darryl McLeod notan, cuando empiezan a escribir, que no hay un procedimiento ampliamente aceptado para estimar los índices de pobreza nacional. Ellos proponen un procedimiento ex post (retroactivo) para seleccionar los índices de pobreza que tienen propiedades deseables. Sostienen que las mediciones de pobreza absoluta, estimadas uniformemente a través de los países, deberían estar correlacionadas con los indicadores no monetarios que reflejan las consecuencias de la privación física. Estos indicadores incluyen índices de natalidad, presentismo escolar, mediciones de desnutrición y otros factores. Los autores realizan una serie de pruebas de hipótesis no anidadas para elegir entre mediciones competitivas de la pobreza y los ingresos. Analizan 66 mediciones de pobreza computadas en 17 países latinoamericanos. Las evaluaciones identifican de 10 a 15 indicadores de pobreza que alcanzan los estándares que los autores tomaron en cuenta por su utilidad. Notan que un tema que resulta ser común en la mayoría de los indicadores de pobreza más exitosos es que llevar a escalas de cómputos nacionales y de estándares de comparación internacional es importante. Una metodología de escala comúnmente usada—desarrollada por la Comisión Económica para Latinoamérica de las Naciones Unidas—resultó permitir más comparaciones transparentes que ninguna otra.

En “(Mal)informando el producto bruto interno de México”, Franklin Berger se refiere a los problemas de ajuste estacional de la información del producto bruto interno mexicano (y por extensión del de otros). El ajuste estacional de cualquier categoría de datos donde los factores estacionales (como las Pascuas) son importantes, pero no siempre ocurren en el mismo mes o cuatrimestre, no puede realizarse convenientemente mediante los procedimientos estándares aplicados, digamos, a la navidad o a enero. Berger remarca que cuando los medios estadounidenses reportan sucesos económicos en México, a menudo reportan el PBI y que en algunos casos los informes sobre las fluctuaciones económicas mexicanas han sido mucho más negativos que lo que los datos hubieran sugerido si se hubieran comprendido apropiadamente. En muchos países latinoamericanos la actividad económica cae durante la semana de Pascua o la previa porque se celebra toda la semana de “Semana Santa”. Basándose en sus propias construcciones de ajustes estacionales para México y otros países latinoamericanos, Berger identifica una creciente sofisticación estadística entre los estadísticos de ajuste estacional en el banco central de México (Banco de México) y en el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática. Si bien su trabajo ha resultado en avances en cuanto a un preciso ajuste estacional, los informes en las publicaciones de negocios en los EE.UU. han obviado estos ajustes y se refieren a datos de año tras año que son frecuentemente confusos como descripción de los sucesos económicos vigentes. Berger nota que, en el caso de los feriados como pascua, inclusive las comparaciones de datos de año tras año pueden ser erradas en cuanto a los hechos sin un ajuste estacional apropiado.

Referencias

Romer, David H. (1993), “Openness and Inflation: Theory and Evidence,” Quarterly Journal of Economics 108, 869–903.

Terra, Cristina (1998), “Openness and Inflation: A New Assessment,” Quarterly Journal of Economics 113, 641–48.


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